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viernes, 3 de junio de 2011

Otro día más en mi extraña vida


Ayer volví a la locura, volví al pasado para darme cuenta de que las cosas se quedaron donde debían. O al menos eso es lo que intento decirme al no comprender muchas actitudes.

Semana corta donde las haya. Empecé mi peripecia en Londres, afrontando un reto importante para mí. Volví a la ciudad de las luces con poca energía, pero con el alma más tranquila. Tranquilidad que duraría poco debido al siguiente viaje programado. Viaje en un inicio previsto para descansar, reflexionar y disfrutar, pero que se convirtió en un avance de “viviendo con el enemigo”.

Todo el mundo está durmiendo después de la fiesta de ayer. Todo el mundo menos yo. En un salón de inspiración francesa, pero decorado con el presupuesto que pueden tener unas estudiantes me encuentro escribiendo sentado en un sofá de los años 60. El idílico momento de paz y sosiego se ve interrumpido cada poco por los dos lindos gatitos que no paran de jugar y pelearse entre ellos. Entre sus cualidades no están ni la de dejarme escribir tranquilo, ni la mecanografía (a no ser que las palabras en idioma gatuno sean solo números) pero son tan ricos que me encantaría poder llevármelos a ambos.

Volviendo a esta locura de largo fin de semana, siento que vuelvo a los orígenes. Siento que las sesiones con el psicólogo no han conseguido todavía cambiar mi cabeza. Sigo pensando demasiadas cosas a la vez, y al mismo tiempo olvido disfrutar de cada momento. Ayer fue el primer día desde hace tiempo que me sentía un poco excluido. No por la gente, que me prestaba la atención básica, sino por aquella persona que mi subconsciente llama “enemigo”. Ya ha pasado mucho tiempo. Quizás incluso demasiado. Pero ahora me doy cuenta de que no veo ninguno de mis ideales en su persona. Antes lo consideraba genial, ahora simplemente uno más, con otro bonito complejo de inferioridad a las espaldas.

Fue él la última persona que me tocó. La única persona en mi vida a la que permití traspasar barreras inimaginables en mi cabeza. Pero todo tiene un precio, y el mío es un largo periodo de reflexión aderezado con terror a que alguien me toque, ¿ existirá la tactofobia ?.

Tras él, vino el miedo. Y con él, la soledad. Me fuerzo día a día para seguir el ritmo de los otros, pero creo que mi escasa alimentación está causando mella. Ya no consigo ni dormir tranquilo. Sólo consigo soñar despierto, aun a sabiendas que el único que posee la llave de mi futuro soy yo.

Esta noche he estado pensando. En nada voy a alcanzar los 26 años, y lo más triste es que llevo semanas creando castillos en el aire para estar solo en ese día. A partir de más o menos ese día, una aventura nueva comienza, pero empiezo a creer que nunca seré enteramente yo mismo si no afronto de una vez por todas mi realidad.

En medio de la noche se me ha ocurrido una idea revolucionaria. Irme por sorpresa a casa de mis padres por mi cumpleaños. No sólo por verlos y salir de fiesta con mis amigos, sino para asumirme delante de ellos.

He repasado en mi cabeza todas las series, películas o libros que han pasado por mis manos en los que alguien anunció la “buena nueva” a sus padres. He pensado incluso el discurso que contaría. Las posibles reacciones, tanto las histéricas como contenidas, pero me supongo que como siempre, es mucho más fácil soñar despierto en la cama que afrontar el reto de vivir mi vida.

Siempre pensé que necesitaría de un novio para tener el valor de hablar con mis padres. Empiezo a darme cuenta de que jamás podré tener una pareja estable si no estoy bien conmigo mismo. Y aunque algunas personas me han aconsejado vivir mi vida al margen de mi familia ultraconservadora, el único modo de sentirme bien en mi propia piel es diciendo de viva voz lo que creo que ya todos suponen.

En próximas entregas veremos si lo que germinó en mi cabeza durante el duermevela llega a algún sitio o si se queda una vez más en una utopía. Hace un tiempo utilizaba una frase para evitar el fin, ahora es para evitar el comienzo (y supongo que el miedo a la decepción). Aún con eso,

“Ya veremos!”

P.S. Hace mucho que no sé de ti. Ni por msn, ni por mail, ni nada. Y necesito saber algo de ti. Mi vida sigue dando tumbos y me gustaría tener tu opinion! Sé que antes o después leerás esto...te echo de menos...

domingo, 15 de mayo de 2011

Gala de Eurovisión 2011


Nunca pensé que un festival de Eurovisión pudiese aportarme tanto.

Ya hace unas semanas que decidí cambiar. Que decidí dar un nuevo rumbo a mi vida, para intentar volver a ser YO. Alguien que ríe, alguien que llora, pero sobretodo alguien que sabe disfrutar de los pequeños momentos de la vida.

Es pronto para decirlo, quizás incluso vuelvo a utilizar una cierta bipolaridad para afirmar que hoy, soy feliz.

Esta semana ha implicado varios retos, algunos de ellos han sido un fracaso, pero otros me han aportado grandes dosis de esperanza.

Como me dijo hace unos meses aquella vidente de Valladolid, algunas personas volverían a mi vida, no todas, pero si las necesarias para poder encontrar mi lugar. Cierto es que me quedé en lo superficial, puesto que con lugar entendí que hablaba geográficamente, pero aparentemente, se refería a mi lugar conmigo mismo.

No va a ser fácil, es más, estoy seguro que habrá momentos en los que volveré a flaquear, y no tendré ganas de continuar con la batalla. Habrá momentos de soledad, de tristeza, pero sobre todo, estoy seguro al máximo que habrá momentos de miedo. Miedo a encontrar nuevas personas, miedo a nuevos retos, miedo a ser decepcionado, pero aún más importante, miedo a decepcionar al resto.

Esta semana intenté restablecer contacto con el chico (hetero) que considero como la persona que me hizo darme cuenta que soy especial, pero no por el sexo de las personas a las que amo, sino por como soy. Esa persona, es muy especial para mí, puesto que no tuve necesidad de decirle nada, directamente lo entendió, e intentó hacerme ver que él me quería así. Sin embargo, no ha dado señales de vida. He debido de convertirme en un cero a la izquierda para él, pero conociendo mi tesón, sé que volveré a la carga para intentar conseguir mi meta, volver a ser amigos cercanos.

Por otro lado, di señales de vida a esa persona especial para mí. Hace más de un mes que no lo veo, y aunque se me hace eterno, creo que es bueno para ambas partes. Para él, porque está ocupado con sus trabajos de fin de carrera, y para mí, para darme cuenta de que saber esperar es a veces la mejor solución. No creo que exista ambigüedad entre nosotros. Simplemente que no nos sentimos atraídos de la misma manera, pero aunque en un inicio eso me hizo daño, ahora sé que lo quiero en mi vida. Idealmente como novio, pero en la realidad, sé que como amigo será también genial.

Para continuar con la semana de los retos, el jueves 12 de mayo, hacía dos años que conocí a la persona que más influyó en mi vida. Para bien, y para mal. Decidí salir de mi concha para volver a la vida social. Sin rencor, pero sin indiferencia, me mostro que no me cerraba las puertas tras más de 6 meses de desaparición voluntaria. Fue él quien me invito a ver el festival de Eurovisión en su casa, tal como hiciéramos el año pasado.

Al mismo tiempo, recibí una llamada alentadora para un futuro trabajo, sin nada seguro, pero con buenas sensaciones que espero comiencen a solucionarse la semana que comienza mañana. Será un reto, no sé si forma parte de mi meta, pero sé que puede ayudarme a conocer mis objetivos.

Tuve valor para enfrentarme a retos objetivamente nimios, pero difíciles para mí. Fui capaz de terminar sintiéndome bien al otro lado del objetivo, con resultados que pronto enseñaré, pero sobre todo con resultados que aumentaron en un pequeño grado mi autoestima.

Por último, afronté mi miedo mayor el viernes al comenzar la noche. Una cita que no podía eludir por más tiempo, pero que al mismo tiempo y siendo sincero, me hubiera gustado evitar. El psicólogo. Sé que lo necesito. Sé que yo solo no soy capaz de salir a flote de mi peor enemigo: Yo mismo. Mi falta de autoestima me hace ser inestable, conmigo, pero sobre todo con los que me rodean. He decidido coger el toro por los cuernos, y aun siendo unos cuernos aparentemente de oro debido al precio, creo que esta vez voy a agarrarme fuerte y luchar. Luchar por lo que quiero ser, por volver a reír, sin plantearme si tengo cara de bobo. Volver a mirarme al espejo y pensar que me puedo comer el mundo. Salí con buenas vibraciones, pero con miedo a tocar temas tabús. Miedo que sé que tendré que afrontar muy pronto, puesto que para salir del hoyo, es necesario verificar todos los pilares. Y ahí está el problema. Profundizar en mi relación con mis padres. Sé que va a doler, pero sé que por las buenas no he sido capaz de entender que mi vida es mía, que puedo aceptar consejos, pero que solo yo puedo saber lo que quiero. Habrá que aprenderlo con ayuda externa…

Y llego el día: Eurovisión. Cual noche de reyes, no podía esperar, tenía por un lado miedo de que llegara el momento, y por otro ansias de que no pasara. Miedo a volver a verlo. Al guardián de mis sentimientos. A la persona que un tiempo culpé de todos mis males. Habían pasado muchos meses, en parte de duelo por la marcha de un ser querido, y en parte de reclusión para curar bien la herida y no poner una venda a la realidad. Llegué. Me alegré de ver a gente que debido a daños colaterales dejé de ver. Y me alegré de verlo a él. Sinceramente, me sorprendí, o me sorprendió, o las dos cosas. Todo pasó con suma normalidad, como si el tiempo no hubiese pasado, pero las heridas si hubiesen cicatrizado. Él estaba ahí. No sé si con un amigo o con su nuevo novio, pero me dio igual. Yo ya no siento ningún tipo de atracción sexual hacia él. Quería saber de su vida, quería saber más de la noticia bomba que me lanzó, su marcha a la capital del país oriental por un año. No hablamos mucho, hubo momentos de cierta frialdad en los que me sentí un poco excluido, pero era normal. Había dejado mi círculo de amigos, y era necesario tiempo para volver a formar parte del mismo. El azar hizo que el nuevo amigo llevara la camisa que llevo buscando varias semanas. Me cayó bien. Lo cual me sorprendió. Pero más me sorprendió que Arnaud me respeto enormemente.

Salí de la fiesta con una propuesta para vivir allí, en la ciudad de mis sueños, pero más concretamente en la casa en la que siempre quise vivir, con las compañeras de piso que ya conozco, y sobre todo, con nuevas historias que vivir. El día D está previsto para Agosto, mismo momento en el que el avión oriental sale de Paris. Tengo la opción de elegir habitación, y aun sabiendo que las vistas son mejores, creo que el pasado hay que dejarlo pasar, y la habitación en la que un día fui feliz ha de ser para otra persona.

Ahora sólo me planteo unas preguntas: conseguiremos ser de una vez por todas amigos, o conocidos? Es cierto que por fin he superado el pasado? (porque me resulta extraño pensar que al fin salió de mi corazón…Y por último pero no por ello menos importante, conseguiré que Jérémy venga a mi futura casa a cenar ?

Hoy sólo tengo clara una cosa. Qué bien hice en ir a esa “soirée”.

sábado, 16 de abril de 2011

Amor, Sexo y Amistad


Cuando conoces a un chico que te interesa, sea por internet, de fiesta, o por la calle, te encuentras en una encrucijada con varias soluciones. La que siempre deberíamos desechar es aquella de que no nos volverá a llamar. A veces se dará dicha situación, pero no implica una batalla perdida, sino simplemente un camino equivocado.

Aparte de esta solución, podemos encontrarnos con tres posibilidades fundamentalmente: Amor, sexo o amistad. Depende de cada persona saber cómo afrontar cada situación. Para ello, puede ser necesario conocer el significado de cada una de las tres posibilidades. Comprender plenamente lo que cada una conlleva, en todos los ámbitos.

El sexo implica una unión física, a priori sin consecuencias emocionales. Simplemente descargar adrenalina entre los brazos de un desconocido, con el único objetivo de obtener placer. En la mayoría de los casos, al no plantearse la existencia de “qué pasara mañana” no se pierde el tiempo en buscar como dar el máximo placer a tu “partenaire”.

La amistad implica una relación afectiva en el plano superficial. Comienzas a compartir gustos, aficiones, e incluso debates sobre temas que no dominas, dejando casi siempre al margen las relaciones físicas. Pero con las amistades, aun habiendo diferentes grados, podemos ser nosotros mismos. No tenemos que escondernos bajo una máscara para resultar interesantes o conseguir volver a ver a alguien. Amigos significa ser escuchado, pero también escuchar. No es fácil llegar a esta simbiosis con una nueva persona, pero tampoco imposible.

Por último queda la posibilidad del amor. Conexión en todos los sentidos con otra persona. El sentimiento más peligroso de todos. Inestable como el tiempo, caliente como un volcán y con la fuerza de un seísmo. Es la perla rara que todos ansían tener. Y una vez que la tienen, empiezan a ver las impurezas e imperfecciones. Es la plenitud en mayúsculas, puesto que esconde todas las posibilidades. El sexo con la mayor pasión, la amistad más íntima posible y el sentimiento paradójico de seguridad.

Cómo afrontar una primera cita? Y mas difícil todavía, en caso de que exista una segunda, qué claves hay que buscar en el comportamiento de la otra persona? Cómo saber cuál de las tres posibilidades buscar en la otra persona? Y si se da la cuarta posibilidad...Cómo afrontarlo sin convertirse en la persona del corazón de hielo?

En mi caso, soy una persona quizás labrada en torno al mundo onírico de las comedias románticas. Para mí, cada vez que una persona aparece en mi vida, tiendo a crear el típico cuento Disney en el que un príncipe se enamora de una persona humilde. Comienzo a crear toda una red de citas y noches juntos sin tan siquiera haber hablado con él. Es un arma de doble filo, o al menos así lo veo yo. Por un lado, al soñar tu vida, puedes creerte el rey del mundo, puedes ver como incluso llegas a instalarte con dicha persona, y como empieza a existir en tu vocabulario coloquial el término “nuestra vida”. Sin embargo, por otro lado, es de sobra evidente que soñar una vida no solo es triste y peligroso, sino que también implica cobardía y decepción al darse cuenta de que la realidad no es tan perfecta como lo imaginaste.

Así me ha pasado siempre. Siempre que conozco a alguien voy con la idea de que será mi novio ideal. Alguna vez he acertado pensando que era amor, aunque tiempo después el príncipe se convirtiera en demonio. Otras veces la película no duraba ni el entreacto, puesto que se quitaban la ropa antes de saber mi nombre. En estos casos casi siempre he salido huyendo antes de perder los papeles. Sin embargo, solo me ha pasado una vez que una persona que yo considero que puede ser mi novio perfecto quiera seguir viéndome pero no quiera nada conmigo mas allá de una supuesta amistad.

La decepción que me llevo es la misma, puesto que al fin y al cabo el que mucho espera, desespera. Pero olvidar a estas personas es mucho más difícil por varios motivos. No tienen ningún problema en seguir viéndote, es más, incluso se nota que disfrutan de vuestras “soirée” juntos. Pero no puedes reprocharles nada, porque simplemente no te han hecho mal. No es como el novio que te pone los cuernos, o que te humilla hasta querer acabar con todo. No tienes ninguna razón para odiarlo, pero a la vez tampoco sabes cómo poner en tu mente la barrera para seguir viéndolo sin buscar nada más con él.

En estos momentos me encuentro en esta situación. Perdido. Decepcionado. Con ganas de tirar la toalla. Con ganas de levantar de una vez por todas la bandera blanca que implique el final de la lucha. El final de la guerra por conseguir el amor.

Días mejores vendrán. Lo único que me desanima es que parece que hay que ser egoísta y poner la coraza alrededor del corazón para no siga debilitándose su latido.

Me gustaría aprender a no implicarme al conocer a alguien. El hecho de poder ver que no siempre se encuentra el amor enfrente mío. Puesto que según como hasta el momento hago las cosas, solo me lleva a terminar encerrado entre mis cuatro paredes, sin ganas ni de ver gente nueva, ni aquellos que un día llamaba amigos.

domingo, 13 de marzo de 2011

Dream


Sé que no debo, pero a la vez no puedo.

Sé que no te conozco, pero no dejo de pensar en ti.

Solo te he visto 5 veces, pero siempre me quedo con ganas de más.

Cualquier bobada contigo se convierte en algo interesante.

Sé que no hay nada, y sé que te voy a alejar de mi.

Intento aguantar las ganas de verte, intento aceptar que tienes otras cosas en la cabeza.

Pero hoy por hoy mi sueño eres TU.

Tus ojos, tu sonrisa, tu forma de hablar español, ni siquiera me atrevo a tocarte, por miedo a incomodarte. Eres tímido, como yo. Inseguro, como yo. Pero luchas por lo que te interesa...no como yo.

Espero que algún día puedas leer esta entrada. Significará que mi sueño se hizo realidad, y que algo en mi interior volvió a latir.

No te quiero porque no te conozco, pero precisamente es eso lo que quiero, conocerte.

Firmado,

El pseudo-gabacho de mierda

Everything’s Ok!



¿Y si nos empeñamos en ocultar cosas a nuestra familia pensando que les hacemos un favor?

Desde que puse distancia de por medio, aprendí una lección que puede que no sea totalmente cierta. Mi vida es mía, yo soy yo, y mis problemas son míos. Muchas veces tergiverso la información que llega a mi familia. Es cierto que un filtro o una censura son necesarios en muchos de los casos. Al fin y al cabo, la mayor parte de mis problemillas no pueden ser resueltos por ellos. La distancia es muchas veces el mayor aliado de la soledad. Y el mayor enemigo de la verdad. Es tan sencillamente fácil mentir cuando no mostramos nuestra cara, que corremos el riesgo de engañarnos a nosotros mismos.

Creo firmemente que engaño a mis padres contándoles lo magnífica que es mi vida, evitando oficialmente preocupaciones innecesarias. Sin embargo, tengo la ligera impresión de que notan en los acordes de mi voz si les estoy contando la verdad, cual polígrafo en un juicio.

El problema reside en que también censuro las cosas buenas. Lo cual considero bastante triste. Esta vez no por miedo a preocuparlos, sino por miedo al rechazo, a la decepción.

He intentando ser el hijo que querían, con mis excentricidades, mal comportamiento y bordería, pero al fin y al cabo, intentándome basar en los sueños que proyectaron en aquel mico que nació un 18 de junio. No soy así, y tengo miedo de su reacción al saber quien soy verdaderamente. Miedo al demostrarles que aunque me muestre lejano a ellos, ocupan gran parte de mis pensamientos, incluyendo si aprobarían los pasos que voy dando.

No soy lo que querían, pero sí tengo gran parte de los valores que me inculcaron. Y la familia es uno de ellos. El más importante. Lo único que me impide buscarme la vida en continentes lejanos son ellos. El hecho de no poder estar a su lado si algo malo ocurre. Porque afortunadamente para las cosas buenas siempre hay una planificación.

Pero al mismo tiempo, lo único que me impide hacer mi vida a su lado, es ver sus caras al conocer facetas de mi vida supuestamente ocultas a sus ojos. Principalmente una, que forma parte de mí, que me ha hecho como soy, y que ha modificado características fundamentales de mi persona.

Desde pequeño mis hermanos y yo hemos soportado una gran presión. Evidentemente, desde el ánimo de la superación y no de la destrucción. Pero dicha presión o ambición inculcada, provoca fisuras difícilmente reparables. En mi caso, inseguridad. Y como daño colateral, una falsa muestra de desarraigo familiar.

Sin embargo, la realidad es que la familia es el pilar fundamental de nuestras vidas. Sin ellos nos quejamos de que no están, y con ellos nos quejamos de que nos cansan. Paradojas de la vida. Como todo, quien está soltero ansía tener pareja, y quien está en pareja, no le encuentra más que problemas a dicho status.

Bromas aparte, gracias a quien sea, puedo decir que “todos estamos bien”. La perfección no existe, y en cada familia cuecen habas, pero en lo básico, everything’s Ok!

lunes, 28 de febrero de 2011

Dualidad


En una ciudad donde la competitividad estaba a la orden del día, intentaba yo hacerme un hueco. Cierto es que cuanto más grande es una ciudad, la personas de nuestro alrededor se convierten más en individuos desconocidos. Gente con la que nos cruzamos, gente extraña cuyas alegrías escapan a nuestro conocimiento.

En cualquier línea de metro de esta ciudad, me cruzo con gente cuyos rostros expresan la indiferencia. Sin embargo, en su interior todos llevamos una historia. Es triste decirlo, pero muchas veces nos encontramos en la vorágine del huracán y no nos damos cuenta de todo lo que tenemos, hundiéndonos a causa de problemas que en su mayor parte son intrascendentes.

En nuestros días, aún teniendo los medios de transportes y de comunicación necesarios para mantenernos conectados con nuestro entorno, los lazos de unión entre la gente son muchos más débiles y volubles. Nos encontramos perdidos entre tantas posibilidades. Malcriado en un cierto grado, estaba acostumbrado a tener todo lo que quería cuando lo quería. Ahora aquí no soy el “rey de la casa” y el resto de personas luchan por conseguir sus objetivos.

“Yo soy yo y mis circunstancias”. Frase que ha marcado mi vida de Ortega y Gasset. En mis orígenes me creía que todos mis problemas eran debidos a mi inmadurez. Iluso pensaba que con el paso del tiempo, evolucionaria a la misma velocidad que aquellas personas que llevaban mi insignia de “ídolos”. Con el paso de los años me empecé a dar cuenta de que cada persona es un mundo. Un mundo con bases similares, pero en los que cada matiz, hace imposible descifrar el código.

La vida trae cambios, muchas veces inesperados. Algunas de ellas deseados, pero otras odiados o temidos. La niebla del camino nos impide ver que los arboles siempre crecen hacia el cielo, cada rama sale en diferentes direcciones, posibilidades de alcanzar el objetivo. Sin embargo el tronco siempre permanece anclado al suelo.

La vida no se puede explicar con la ciencia. No hay un teorema o una demostración matemática para entender por qué soy así y por qué mis hijos serán de cierta manera.

Claro que siempre podemos aspirar a más y más. La ambición forma parte de nuestro ser. Pero tanto buscar la perfección, tanto querer tener todo en todos los ámbitos, nos hace desear lo imposible. Cuantas veces he soñado con tener la completa felicidad. Iluso, ingenuo, inculto, idiota. La felicidad total no existe. Son momentos puntuales. Y lo más triste es que a veces no somos capaces de disfrutarlos, cegados por el ansia de encontrar la felicidad estable.

Está claro que para entender la felicidad hay que comprender el dolor. La vida no se entiende sin la muerte. Lo mismo que el amor no tendría sentido sin los corazones rotos. Todo en nuestra existencia sigue una regla, la dualidad.

Seré capaz de mirar con objetividad mis pasos? Capaz de entender que si lucho por algo no hay que bajar los brazos a la primera de cambio? Capaz de entender que ni todo vale ni nada se hace en balde?

Yo soy yo y mis circunstancias. Circunstancias a veces favorables y otras tempestuosas, pero todas ellas conforman la persona que soy, la persona que seré y al mismo tiempo condicionan en cierto grado la vida de los de mi entorno.

Podemos mirar la vida con negatividad, con pesimismo, pero lo único que vamos a conseguir es perder tiempo. Caídas tendré, pero seguro que de todas ella me levantaré. Unas veces de un salto y otras con ayuda y necesidad de muletas. Pero tengo claro que mi vida me pertenece.

viernes, 18 de febrero de 2011

Sueño de una noche de san Valentín


Nunca había vivido un San Valentín.

Nunca había tenido la oportunidad de poder decir junto a mi novio que este día era un invento estúpido de los grandes almacenes para favorecer el consumismo. Lo más cerca que estuve de poder infravalorar esta fecha fue el año pasado. Año de sombras en mi vida, y muy pocas luces. Paradojas aparte con que mi vida se desarrolla en aquel lugar llamado ciudad de las luces, pero en mi interior más conocido como la ciudad del amor.

En ese día, no viví nada feliz, simplemente amanecí de nuevo en los brazos de la persona que me llevó al abismo. Esa persona que tantos males me hizo encontrar, y que provocó que la oscuridad entrara en mi vida. O peor aún, en mi corazón.

Muchos meses de duelo, un duelo que creo no haber superado. Mucho dolor por el camino, pero no el suficiente como para odiar. Ni tan siquiera suficiente como para olvidar. Lágrimas amargas con muchas noches en vela. Mi íntima amiga la soledad, se aprovechó de la hospitalidad de mi corazón, y se instaló con una duración indeterminada.

Este año, fue diferente. Fruto del azar, el destino o quizás el subconsciente, de nuevo tuve el valor de entrar en el camino fácil de conocer chicos. Y apareciste tú. Inesperado. Sorprendente.

Al nada de hablar contigo, quedamos a tomar algo. Consecuencia de mis complejos, de mi nerviosismo o mi verborrea, te resumí mi vida en dos horas. Esos ojos verdes me inspiraron tranquilidad, confianza, e incluso seguridad. Esos ojos me llevaron a la perdición. Hicieron que apareciese una fisura en mi coraza protectora.

Los días pasaron, e intenté mostrarte mi interés. Al final, conseguí que nos viéramos, porque quería seguir conociéndote. Eres especial, no por guapo, no por listo, sino porque en ciertos momentos tuve la impresión de que no sólo me oías, sino que me escuchabas. Una gran novedad para mí.

El día no fue el más propicio en un inicio. San Valentín. Día de los enamorados. Tras varios fracasos en la planificación, terminamos alrededor de una crêpe y una botella de sidra. Nunca pensé que las matemáticas me harían sentir paz. Que los números podían esconder conversaciones cultas e interesantes. La cena termino precipitadamente para escuchar los tartamudeos de un rey.

Mientras veíamos como un pseudo-profesional ayudaba a curar la enfermedad o minusvalía de una persona orgullosa, mi mirada se fijaba en ti secretamente. En tus movimientos nerviosos. En cómo te mordías las uñas. En cómo te rascabas granos inexistentes. Mi coraza se desgarró un poco más. No sabía cómo hacerlo. No sabía cómo hacer que tu mano se cruzara con la mía. Tan siquiera supe si tus miradas durante la cena eran entusiastas hacia mí, o hacia mi acento extranjero. Todo pasó.

El rey consiguió dar su discurso, superó sus miedos. Yo, no. Y te vi marchar.

Desde hacía mucho tiempo, no había tenido esa sonrisa en mi cara. Me hiciste volver a creer. Creer en que hay personas interesantes en el camino. No sólo el color de los ojos es importante, también su interior.

Te fuiste. Para no volver. Y me volví a encerrar en mis aposentos, para sellar las fisuras de mi coraza. Te fuiste, pero sanaste muchas heridas sin tan siquiera tocarlas.

Y todo quedó en la mejor noche de san Valentín de mi vida. Un sueño fugaz, pero feliz.

miércoles, 26 de enero de 2011

La escalera


Cuando era pequeño, recuerdo que pensaba que las escaleras eran como una pasarela a otro mundo. Era pequeño, y cada escalón suponía para mí un esfuerzo sobre humano. Afortunadamente, siempre estaba detrás alguien para empujarme el culo y evitar caerme de cabeza.

Los años han pasado, pero sigue existiendo dicha escalera que por un lado me hace soñar y por el otro me da miedo. Los escalones han variado en altitud, al igual que yo. Unos son prácticamente inexistentes, pero hay otros que tienen una altura tan elevada, que me cuesta mucho sobrepasar.

El problema reside en que ahora ya no hay nadie para darme un empujón y ayudarme a alcanzar otra meta más en la larga lista. La madurez, la edad, o simplemente mi cabezonería han hecho que la escalera esté vacía.

Ya no veo el primer escalón, e incluso he de reconocer que he hecho trampas en algunos. En vez de superarlos saltando, he encontrado una pequeña rampa en un lateral que me ha evitado mucho trabajo. Sin embargo, estas “astucias” ya se han vuelto más de una vez en mi contra.

En momentos determinados de mi vida he intentado volver atrás, tras mucho tiempo solo en el camino, he tenido la necesidad, el ansia, o las ganas de volver a buscar cosas perdidas en escalones inferiores. Iluso de mí, que pensaba que todo seguiría tal como lo recordaba. La realidad que allí me encontré me asusto. Bien es cierto que desde pequeños nos dicen que cada acto tiene sus consecuencias, y que en una bifurcación, el haber elegido implica que olvidamos la otra rama del camino. Que nosotros la olvidemos, no significa que todo lo que hay a nuestro alrededor lo haga. Esto me ha llevado a encontrarme con situaciones hasta entonces inverosímiles en mi cabeza.

Cada vez que una de mis hazañas no sale como yo me espero, intento volver a atrás, bajar unos cuantos escalones hasta aquel en el que recuerdo que tenía cierta estabilidad en todos los sentidos. Cuando he intentado hacer eso, siempre me he encontrado que dicho escalón ya no se asemejaba a cómo era la primera vez que lo pisé.

Los amigos, la familia, incluso nosotros mismos cambiamos. No hace falta el paso de los años, incluso el paso de los días puede hacer que algo que creíamos estable, seguro y duradero, se convierta en humo.

Hace ya más tiempo del que me gustaría, me estampé de lleno con uno de los escalones. Busqué a oscuras como bajar la escalera, intente por todos los medios llegar al inicio y encontrarme con mi familia y amigos. Tras varios meses intentándolo, terminé llegando a la conclusión de que lo que dejé en el camino no solo se lleno de polvo, sino que había cambiado.

Después de darme cuenta, necesite bastante tiempo para centrarme, para pensar qué haría. En un momento dado, supongo que de bajón, estuve a punto de tirarme por la barandilla para llegar al inicio de la escalera. A sabiendas de que la caída era mortal.

Al fin, encontré algo a lo que agarrarme. Y no estaba en el pasado como yo pensaba. Sino en el futuro. Sin embargo, el escalón que me rompió por dentro, seguía ahí. Un obstáculo que aun a día de hoy no sé cómo superar, y siempre estará allí, impasible ante mí, ante la persona a la que destrozo.

Me di cuenta de que mis miedos, mis batallas ganadas y también las perdidas, incluso mis logros y mis dos familias (la impuesta y la elegida) no podían sacarme siempre las castañas del fuego. Dediqué un tiempo a reflexionar, a pensar qué era lo que más ansiaba encontrar al final de la escalera. Siempre pensé que sería “mi gran amor”, esa persona que al inicio de la escalera pensaba que sería un mujer, y que a medio camino me di cuenta de que sería alguien de mi mismo sexo; esa persona que me daría todo lo que anhelaba, con la que compartiría mi vida, mis sueños, mis miedos. Aquella con la que discutiría, pero que a imagen y semejanza de mis padres, permanecería a mi lado contra viento y marea.

Tras muchas vueltas en la cabeza, me di cuenta de que el amor implica dependencia, y que esa dependencia causa un tremendo dolor cuando la otra persona se va. Tuve claro entonces que aunque fuese de cobardes, quería mantener mi corazón a salvo, protegido. No sería yo el que cerrara definitivamente las puertas al amor, pero cerré con candado la puerta de mis sentimientos y tiré la llave por la barandilla.

Fue entonces cuando volviendo mentalmente a mis inicios, vi con claridad qué es lo que quería que me esperara arriba. Lo que quería que me animara a seguir con mi camino. Y ahí apareció él: Joel. El sueño más grande de mi vida. El ser padre. El tener una persona a mi lado viéndolo crecer e intentándola educar con mis valores: una mezcla de los de mis padres y de los que yo por el camino he ido aprendiendo.

Todavía queda mucho para que Joel esté entre mis brazos, quizás incluso el día que llegue, no se llamara Joel, pero tengo muy claro, que ese es mi punto de partida. Mi apoyo. El objetivo fundamental de mi vida. Y me sacrificaré lo que sea necesario para conseguirlo. Sudaré por el camino, me tiraran piedras e incluso caeré, pero tengo claro que al final, lo tendré entre mis brazos.

Quién sabe si el destino me depara que alguien encuentre la llave y comparta con él la ilusión de ser padre...

jueves, 30 de diciembre de 2010

Te odio!!

Pero te odio porque te quiero, y creo que nunca llegarás a ser indiferente para mí. Ya no sé qué hacer, me estoy volviendo desquiciado, porque soy incapaz de olvidarte. El tiempo cura las heridas, cierto, pero ese mismo tiempo, crea falsos ídolos en mi cabeza. Y lo que es peor, falsos ídolos en mi corazón.

En breve hará un año que me rompiste el corazón. Ese corazón que poco a poco se ha reconstruido, pero en el que hay cicatrices que jamás desaparecerán. Me di en cuerpo y alma a ti, disfruté y sufrí como en mi vida, pero al final, nuestros caminos se separaron. Fuiste tú quien abrió la caja de pandora, tú quien tuvo el valor de marchar, y desgraciadamente tú, él que me quitó mi virginal concepto del amor verdadero.

Nadie antes tuvo ese poder en mí. Y nadie a partir de ahora lo volverá a tener. Es de cobardes anclarse en el pasado, pero en el nivel afectivo, esta batalla me hizo levantar la bandera blanca y dar la guerra por perdida.
Cierto que me gusta saber de ti, cierto que confío en ti, pero también es cierto que me engaño a mi mismo diciéndome que perdí al hombre de mi vida. Por dos razones fundamentales, una, porque en el fondo de mi corazón creo que no lo eras, y dos, porque nunca te tuve.

Estoy cansado de sentirme mal, cansado de tener miedo a verte con otros, aun a sabiendas que ya has tenido inquilinos en tu cama y supongo que en tu corazón.
No sé qué es lo que hay en mi cabeza. Estoy totalmente perdido. Una nueva aventura debía comenzar en el 2011 para mi, mi primer empleo, en la ciudad que siempre consideré como la ciudad de mis sueños…

Ya no sé qué hacer. Creo que no voy a ser capaz de verte como uno más, no por el hecho de que me duela verte con otros, sino por el hecho de que jamás seré para ti ni la mitad de importante de lo que tú eres todavía para mí. Mi vida estaba a tú alrededor, o al menos, mi vida en ese país. Quizás esté llegando el momento de volver a huir. De volver a buscar un nuevo lugar donde comenzar otra falsa vida.
Me miento a mi mismo cada noche. Pienso que algún día alguien más aparecerá en mi cama para abrazarme y darme aquellos besos que me fueron negados. Todas las noches me quedo despierto hasta altas horas de la madrugada preguntándome qué defecto insalvable tengo para que las personas que elijo sean incapaces de quererme. Me planteé que me gustan los discapacitados sentimentales, pero eso no es una excusa para la angustia que me abraza desde hace ya muchos meses.

No tengo miedo a la soledad, pero tampoco sé disfrutarla. Mi cabeza es un hervidero de pensamientos, de conjeturas, de cábalas normalmente pesimistas que me impiden vivir mi vida, o en su defecto, de tener el coraje de vivir la vida que sueño.
Cada noche me despierto y pienso en ti, en los sentimientos que expresaban mis facciones cuando me abrazabas, en el falso cariño que pensé que recibía de tu parte. Al pasearme por mi casa, recuerdo los momentos íntimos que pasamos en las diferentes habitaciones, teniendo claro lo sumiso y arrastrado que me comporté en una supuesta relación de igual a igual.

Ya no sé qué hacer. Me prometí que si llegaba en malas condiciones al final de este año, pensaría seriamente en cómo afrontar la situación. No disfrute del día de mis 25años, pero por mis problemas “imaginados”. No tengo claro si un psicólogo podría ayudarme, tampoco el cariño de los míos. Y lo peor de todo es que sé que me lo busqué, por idealizar falsos dioses, y por seguir reprochándome el ser homosexual para no tener confianza en mí mismo. Soy INCAPAZ de valorar las metas que voy obteniendo con esfuerzo, infravalorando los resultados. Ambición, a veces considerada como cualidad, pero en mi caso sinónimo de perdición.

miércoles, 21 de abril de 2010

De la forma más natural

Lo días pasan, los meses pasan, incluso los años pasan. El tiempo es nuestro enemigo infranqueable. Por mucho que nos empeñemos en esquivarlo, lo único que podemos hacer en su contra es disfrutar del dicho « carpe diem ».

Mucho tiempo ha pasado ya. Más de tres años de luchas interiores, mas de tres años preguntándome la razón de dicho castigo. Muchos ríos de tinta han corrido, expresando todo mi desasosiego. Ríos de tinta acompañados evidentemente por lágrimas y noches sin dormir.

No puedo especificar un día concreto en el que algo cambiara en mi interior, desde la distancia que me otorga el tiempo, creo ciertamente que fue así desde el principio, desde MI principio. Simplemente un día, mi subconsciente dejo de engañarme con falsas promesas de amor eterno, y me mostro la realidad. Esa realidad que ha marcado estos últimos años de mi vida. Es extraño de decir, pero ahora dentro de mi escepticismo, ya no considero que sea un castigo, sino más bien una característica más que junto con cualidades y defectos dan como resultado la persona que soy.

Creo estar en un momento clave de mi vida. Sinceramente, creo estarlo por el hecho de que nunca antes me había encontrado tan perdido. La brújula que me indicaba el camino, debe de estar averiada, porque mi norte varía en función de los latidos de mi corazón. Me consideraba una persona racional dentro de mi inquietud, pero estos tres años me han demostrado que soy más visceral de lo que cabía imaginar. Estoy en un enclave a nivel general. En cuanto a lo profesional, no sé qué camino escoger, o mejor dicho, ni tan siquiera sé en que país quiero buscar dicho camino. Quizás me nuble la vista la inseguridad que siento en esta ciudad al tener cerca mi vida pasada. En lo personal, qué decir…he luchado mucho por obtener lo que en tantas películas he visto. Me he aferrado con uñas y dientes a realidades ficticias e ilusiones infantiles, he librado batallas que siempre he perdido, por el simple hecho de no haber sabido prepararme para el asalto final.

Fácil sería decir que quiero cambiar, simple a decir que el amor no existe. Podría seguramente disfrutar de la locura de estos últimos años de juventud, podría incluso buscar un compañero semanal que calmase mis pesadillas nocturnas y me hiciese sentir deseado. Podría dejarme embaucar por una vida hedonista. Podría…pero ese no sería yo.

De cara a la galería sonrió, a veces hasta sin sentido. De puertas para a dentro, la situación varía como la marea. No pretendo engañar a nadie, en tal caso a mí mismo, pero aquellos sueños que tenia de pequeño ya los adapté a mi realidad. Y será de ilusos, pero tengo intención de perseguirlos aunque para ello tenga que librar muchas batallas y derramar muchas lágrimas de tristeza.

Estoy cansado del dicho « quien no arriesga, no gana », cansado de aplicarle mi toque pesimista personal de « quien no arriesga, no pierde ». Muchos pegarían por tener la suerte que he tenido yo en el terreno profesional, otros como yo, se lamentan preguntándose si merece la pena tanto esfuerzo, para después llegar a casa y estar solo. Craso error. Puesto que al llegar a casa, aunque no haya más personas, tengo una ventana con el mundo exterior, con MI mundo. Ese mundo que vuelve a hacer latir mi Corazón después de unos cuantos meses de cuidados intensivos. Un corazón que siempre guardara las cicatrices pasadas, pero que bombea la sangre con la misma intensidad que antes de los asaltos perdidos.

Los comienzos nunca fueron fáciles, y estoy precisamente en el comienzo de mi vida laboral. Hace apenas un mes que desembarqué en esta nueva aventura. Sin embargo, mis ganas de comerme el mundo y demostrar que merezco la pena se están viniendo abajo debido al típico refrán español de « vuelva usted mañana ». Solo hay un remedio:

Tiempo al tiempo, todo termina llegando de la forma más natural.

jueves, 8 de abril de 2010

Te quiero!


Rara forma de empezar, sobre todo por lo que implica. Pero es realmente cierto. Sé que he hecho muchas cosas mal, incluso sé que soy cansino, con un tema en concreto (mejor no lo nombro vale??) pero desde que aquella conejita me hiciera fijarme en ti, Lana si no recuerdo mal, se creó un vínculo entre nosotros que no soy capaz de superar, sobretodo porque no quiero.

Es cierto que nuestras vidas en poco o nada se parecen, o por lo menos a simple vista, puesto que ambos sabemos que de una manera extraña nuestros destinos están unidos. Si a ti te pasa algo negativo, a mi me termina pasando antes de que acabe el día, y por supuesto nos pasa lo mismo en el sentido positivo.

Claro, que tenemos que hacer la excepción en lo relativo a amores, puesto que si bien es cierto que no podemos compararnos físicamente, tú te los llevas de calle, y yo más bien termino siempre atropellado. Desde el día que te conocí siempre te dije que esos ojos llevaran a muchos a la perdición, y hasta el momento, creo que no puedes quejarte.

Hoy, « duro » día de trabajo, me he puesto a recordar cosas, sobre todo a ver las fotos de cuando nos conocimos, el miedo que tuve en aquel tren a parecerte un chico idiota, a que no nos lleváramos tan bien en persona como a través de la pantalla. Recuerdo nuestra gran pelea, porque yo no quería ir a la fiesta de tu familia, sino intentar conocer a aquel chico que como de costumbre solo buscaba reírse un poco de mi.

Recuerdo el mercado medieval, y las risas con tu amiga la fan de RBD. Por supuesto, con las fotos de nuestra pedazo comida (o mejor dicho entripada) en Laxe, se me ha abierto el apetito. En verdad, a tu familia no la he visto mucho, pero sinceramente, tengo muchas ganas de volver a verlos. Me reí también mucho cuando tus padres se disfrazaron de hippies. En fin, que no te imaginas los buenos recuerdos que tengo de mi primera escapada a la locura. Creo que ahí fue la primera vez que fui « gay » sin consecuencias negativas. Y todo te lo debo a ti, porque me trataste como si fuera normal, craso error, puesto que mi orientación sexual no será extraña, pero yo…un rato largo.

Las cosas han cambiado mucho, yo he cambiado mucho, y me supongo que tu también. A veces pienso que si me ves aquí en mi “salsa” te avergonzarías de mí, puesto que tantas aventuras y locuras de la mano principalmente de Julia, están provocando que mi sentido del ridículo desaparezca.

Ojala vinieras a verme, ojala encontrara la manera de irme un fin de semana a tu tierra. Ojala…porque sé que cuando yo puedo ir a verte, tu trabajas, y viceversa. Estoy cansado de tenerte en la distancia, cansado de no poder hablar contigo, cansado de no saber los puntos y comas del relato de tu vida. Pero me conformo pensando en todos los buenos momentos que hemos pasado juntos, incluso todas nuestras disputas me han hecho reír, porque es cierto que a cabezones no nos gana nadie.

Los días pasan y sigo sin poder conversar contigo como me gustaría. Sé que no quieres oírlo, pero sigo sin estar en la cumbre. Sé que estas cansada de mis quejas, y sé que en el fondo me comprendes, porque tu tampoco estas bien, pero lejos de querer contarte mis penas, necesito tu apoyo para seguir adelante, necesito al menos el oír tu voz, el sentirme comprendido, y ahí, ahí solo estas tu.

sábado, 3 de abril de 2010

Living in wonderland


No, otra vez lunes! Ya está sonando de nuevo el despertador…por suerte no es el mío, es el de Matt, que rápidamente se despereza y me da un beso de buenos días. Él sabe perfectamente que yo tengo todavía quince minutos más antes de levantarme y comenzar mi jornada, pero le encanta hacerme rabiar y despertarme con mimos.

Esta semana se cumple un mes desde que comenzáramos a vivir juntos. Ya llevábamos varios meses buscando un apartamento, puesto que ambos compartíamos piso, y desde los 2 últimos meses, lo único que hacíamos era dormir juntos, o bien en su casa o en la mía. Estoy súper contento de haber empezado esta nueva etapa. Es la primera vez que siento tener a alguien verdaderamente importante en mi vida. No tanto por el físico (que sin ansias de ser prepotente, está bastante bien), sino por su manera de comprendernos. Este último mes, no ha sido tan idílico como se suponía, debido a que cuando decidimos irnos a vivir juntos, yo me impuse el objetivo de decirlo en casa. Matt no me presiono para nada en mi decisión, puesto que el, dentro de su familia, ya hacia años que habían asumido con normalidad su sexualidad.

En mi caso, la verdad es que a mi madre poco la falto para decirme el típico « ya lo sabía », y dentro de que se llevo una decepción al saberlo, me dio un abrazo que no olvidaré. Con mis hermanos, la verdad es que tuve el apoyo de los dos, desde la distancia, ya que no es que seamos precisamente uña y carne, siempre fui el mas despegado en ese aspecto. Caso aparte fue mi padre. Ya suponía que seria así, ya suponía que se pondría como una furia y comenzaría a soltar improperios por su boca. Desde entonces no he cruzado palabra con él, sé que todavía necesita más tiempo para darse cuenta de que el sexo de la persona que me hace feliz no influye en el hecho de que sigo siendo su hijo y me quiere. Supongo que todavía tendrá que pasar un tiempo más, pero ahora, ahora tengo el apoyo de mi novio. Siempre había dicho que para tener el valor de afrontar mi realidad, necesitaba un apoyo al que agarrarme en las curvas. Este apoyo siempre han sido mis padres, pero en esta aventura, eran precisamente ellos los causantes del terremoto y necesitaba sentirme reconfortado de una manera que desgraciadamente mis amigos no podían suplir.

Este fin de semana, Matt me ha dicho que vamos a hacer algo especial, que prepare mi maleta, pero que no me va a decir a donde vamos a ir. Estoy nervioso, y estamos solo a lunes, pero me hace tanta ilusión que ya empiezo a ponerlo histérico con tantas preguntas intentando adivinar el destino. Con tantos gastos de cambio de casa, la verdad es que hacía tiempo que no salíamos ni siquiera a cenar, así que esta ocasión especial seria el punto de inflexión para volver a la vida social.

Como buen francés que se precie, Matt ya está pensando en cuando hacer la « cremallière » de nuestro apartamento. Yo la verdad es que no tengo demasiadas ganas, porque me conozco, y sé que terminaré bebiendo más de lo políticamente correcto, y no soy nada fanático de despertarme un domingo tras una noche de fiesta y tener la casa patas arriba. Aun con eso, no tengo derecho a voto, ya me ha dicho que vamos a hacerlo SI o SI. Y como bien sabe él, soy incapaz de decirle que no a nada.

Dentro de unos meses, por mi cumpleaños, ya hemos comprado los billetes para ir a España, será la primera vez que vayamos juntos, y aunque de momento no se si iremos a mi ciudad para ver a mis padres, está claro que le presentare a mis amigos. Va a ser gracioso ver a éste hablando lo poco de español que he conseguido enseñarle. Pero con su sonrisa fijo que termina metiéndose en el saco a todo el mundo. Este año va a ser especial, cierto que cumplo los malditos 25, el cuarto de siglo, pero también cierto que será la primera vez que pasaré mi aniversario con pareja.

lunes, 29 de marzo de 2010

La fragilidad del Camino

Qué raro me está resultando. Fue lo primero que pensé al verte en el coche de delante. La verdad es que hacía ya bastante tiempo que no nos veíamos, y se me hacia extraño. Quizás también por la distancia emocional que hemos tomado en los últimos meses. Aun con eso, yo no entendía por qué tú, precisamente tú, mi mejor amiga, ibas en el coche de delante, y yo no iba en él. En verdad no recuerdo muy bien en qué momento me pregunté quién era la persona que conducía mi coche, pero por mucho que intenté descifrar sus rasgos, me siguió resultando un completo desconocido.

Recuerdo que te intenté llamar al móvil, para que me aclarases con un « mira que eres tonto » el hecho de que no estuviera en tu coche, fijo que tenía una explicación súper simple. No sé por qué, no conseguía contactar contigo, hay veces que estamos tan lejos y las tecnologías nos acercan, y otras que aun estando al lado, nos sentimos aislados. Lo que paso a continuación me impresionó de tal manera, que aún ahora, me estremezco al pensar en ello.

Íbamos por la autovía, lo sé porque siempre desde pequeñito he prestado atención a las señales y demás indicaciones que hay en las carreteras. El paisaje, desde luego no era de mi tierra, ya que teníamos verde a ambos costados de la calzada, supuse que evidentemente había conseguido volver a hacerte una visita por tierras gallegas. En un momento determinado, el macarra del coche que nos acababa de adelantar se dispuso a hacer lo mismo con vosotros, pero no entiendo por qué, lo hizo demasiado pegado. No sé muy bien qué paso, porque lo siguiente que recuerdo es tu coche, TÚ, saliendo de la calzada y comenzar a dar vueltas de campana. El símil es muy obvio, pero en ese momento, a mi corazón también le dio un vuelco. Intenté gritar, y digo intenté, porque aunque yo vocalizaba tu nombre, de mi boca no salía ningún sonido. Empecé a dar golpes al conductor para que parara, pero no me hacía caso, iba reduciendo la velocidad, pero parecía no darse cuenta de que TÚ, Nata, ibas en el coche que acababa de desaparecer de la calzada. Intenté abrir la puerta del coche cuando ya íbamos lento, pero tampoco podía. Joder, pero qué puñetas está pasando, por qué no puedo hacer nada, por qué estoy encerrado en este coche con este desconocido…eran muchas preguntas las que me pasaban por la cabeza, pero una era la fundamental. Estarías bien??

Supongo que debí de tener un shock o no sé muy bien qué, pero lo siguiente que recuerdo es un coche echando humo, y dos personas en el arcén abrazadas. Al principio tuve miedo de fijar más concretamente la vista, puesto que solo veía a un chico que abrazaba algo. Fueron momentos de pánico, realmente creo que mi corazón no podía latir más rápido, y al mismo tiempo tan lento, mi cabeza no paraba de hacer hipótesis, de reflejar en imágenes los diferentes escenarios que podía encontrarme. No, no podía ser, no podía ser que perdiese a mi mitad. Fueron segundos de pánico, hasta que finalmente vi que él te abrazaba, que estabas viva. Parece mentira lo rápido que puede dar un vuelco tu vida, de manera inesperada, pero permanente.

Días después, intenté hablar contigo, teniendo siempre la misma respuesta…silencio. Ciertamente tenía ganas de volver a acercarme a ti, de volver a sentirme en tu vida, y contarte mis cosas, pero sobre todo lo que mas quería, era saber si anímicamente estabas bien, puesto que si para mí fue difícil vislumbrar una vida sin ti, para ti tuvo que ser impactante el ver pasar tu vida mientras tu cuerpo no hacía más que dar vueltas y ser contusionado por los amasijos de metal. A día de hoy, sigo sin tener respuesta, pero el simple hecho de verte conectada, me hace pensar que sigues mejorando. Mientras, hasta que tú quieras, yo te esperare…

N.A. Desgraciadamente, me gustaría que dicho accidente no se hubiese producido, pero dentro de que yo no estuve presente, agradezco a quien sea el hecho de que solo se hayan producido contusiones.

martes, 23 de marzo de 2010

Los viejecitos del parque


Era una fría tarde en la ciudad. Comenzaba a oscurecer, aunque ya habíamos cambiado de estación. Sin embargo, la bufanda seguía estando alrededor de mi cuello para evitar otra recaída. Era relativamente temprano, para las horas en las que yo solía andar por allí, pero ese día sólo tenía ganas de llegar a mi casa y tumbarme a ver una película que consiguiese evadirme de mis problemas. Por la calle me encontré muchas parejas, de todas las edades, pero será por cuestiones del azar, las que más me llamaban la atención eran las de los ancianos.

No debía ser mi día, porque veía felicidad por todas partes y yo me sentía desdichado. Los niños estaban corriendo de un lado a otro en el parque, con la mirada atenta de sus madres para actuar en caso de alguna caída. La pareja de abuelitos, a los que llevo viendo varios años, seguían sentados en el mismo banco de siempre, conversando de todo y de nada. Muchas veces me he preguntado cómo pueden seguir teniendo temas de los que hablar dos personas ya jubiladas que están juntas todo el día. Siento envidia de ellos, pero al mismo tiempo alegría. Estamos en una época en la que no hacemos más que infravalorar a nuestras personas mayores, sin tener en cuenta que lo que ellos trabajaron en su día es lo que nosotros disfrutamos e incluso nos dedicamos a destruir.

Al llegar a mi casa, busqué entre todos mis dvd’s alguna comedia que no me supiese ya de memoria, o en cuyo caso, que no me hubieses propuesto tú de verla. Di con una que me apetecía ver, y de la que aún no me había aprendido los diálogos. Raudo y veloz, me duché y preparé la ropa para el día siguiente, así como la bebida y las palomitas para la película.

Cuando la película terminó, me di cuenta de que no era una comedia sin más, sino una comedia con final feliz. Y como de costumbre, me puse a crear de nuevo mi cuento particular de la lechera. Volví a recordar esos tiempos en los que éramos felices, en los que hubiera dado mi vida por ti, para posteriormente imaginarnos ahora como aquellos viejecitos del parque…Sólo tenía una contradicción mi cuento, que tú y yo jamás conseguimos hablar.

Justo cuando estaba en estas elucubraciones, me llamó Juan. Ese fiel amigo que no sé cómo se las apaña para por telequinesis quizás, darse cuenta de los días en los que mi felicidad no es desbordante. Vivía lejos, pero gracias a las nuevas tecnologías, podíamos mantener una relación casi normal. El sabía todos mis problemas, pero desgraciadamente, o bien el no tenía, o no confiaba en mi como para contármelos.
Como siempre, me hizo reír con su forma de contarme sus aventuras. Era capaz de convertir la noticia más idiota en un acto espectacular. Y me dio la sorpresa de que a finales de mes, vendría de visita un fin de semana.

La conclusión que saqué cuando apagué las luces y me fui a dormir me sorprendió incluso a mí mismo. Los días pueden ser soleados o nublados, pero siempre, aunque intentemos ser negativos, tenemos a nuestro lado la gente que puede hacernos soñar.
Para poder pensar en estar bien con alguien, primero hay que aprender a disfrutar de uno mismo y de las personas que nos rodean, que nos quieren, aunque los abrazos no puedan darse tan a menudo como querríamos.

N.A.: Afortunadamente todos tenemos un amig@ "Juan"

lunes, 22 de marzo de 2010

Superficial


Desde que oyera esta palabra dedicada a mí, supe que me enfrentaría a mi pantalla para expresar los sentimientos que tuve. No sé si fue el hecho de que me aplicaran tal adjetivo, o más bien la persona que me lo atribuyó. Cierto, a veces la mejor manera de intentar caer bien es ser superficial y banal. Desgraciadamente, esto es imposible de hacer cuando tu interlocutor conoce sentimientos y sensaciones que ni tú mismo eres capaz de expresar de viva voz.

Este fue el caso. Me dolió, por la veracidad de sus palabras. Noté que me había vuelto a poner la máscara de falsedad, para intentar no ser herido, para intentar ocultar la persona que soy, sensible y frágil hasta la médula.

Me resultó todo extraño, no era mi mundo, era mi país, pero lo sentía lejano, distante. Tuve muchísimas sensaciones encontradas: ilusión por estar en Madrid, fascinación al escuchar español por todas partes, vergüenza por tener delante de mí a mi confidente, pero sobre todo tuve miedo, miedo a realmente formar parte del maldito cliché. Y así parece que fue en un principio.

La situación se terminó desarrollando de una forma totalmente imprevista. Quizás no fue la que yo ansiaba, no fue esa conversación alrededor de un buen tazón de café, pero evidentemente, encontré unos brazos que me hicieron vibrar. Y quizás, pero sólo quizás, esos brazos me infundieron la paz y el descanso que siento en mi cabeza, que me han hecho continuar dando pasos impensables hacia la meta de “mi” normalidad.

Lo sueños son para vivirlos
, creo que con esta frase resumo perfectamente el espíritu que encontré en ti. Supongo que entre flyers y bebidas, encontré las palabras clave para de una vez por todas recomponer la persona que soy, Jaime. Me resulta extraño decir que envidio esa sensación, la de estar bien con uno mismo, la de saber que si quieres te puedes comer el mundo. Es gracioso ver como lo que para mí, en mi cabeza, es un mundo de dificultades, para otros se convierte simplemente en su realidad. Eché en falta esa conversación, eché en falta saber más cosas de esa persona que sabe erizarme la piel cuando escribe. Me conformo con haber comprendido que las balas siempre pueden ser esquivadas, o en el último de los casos, que con las personas importantes a nuestro lado, podemos conseguir sanar las heridas.

El toque surrealista de mi estancia en Madrid, se lo llevó el hecho de enterarme que Lara Croft puede ser una musa de la moda para ciertas personas.

Ahora sólo me asalta una duda. Esto habrá servido para acercarnos, o supondrá el punto y final…

domingo, 14 de marzo de 2010

Vuelvo a ti



Y ya han pasado tres meses. Desde aquel día de invierno en el que la noticia llegó cual bola de nieve a mi cara. Me partió en dos. Totalmente inesperado, pero a la vez necesario. Como siempre, ni tan siquiera me diste la oportunidad de hablar. Tomaste tú la decisión por los dos, sin tener en cuenta que era mi corazón el que dejó de latir.

He intentado salir a flote, los servicios de cuidados intensivos de mis amig@s han tenido mucho trabajo. No puedo decir que estoy fuera de peligro, porque desgraciadamente cada vez que te veo, la sangre comienza a helarse de nuevo. No me gusta ser así. No me gusta depender de los demás, pero mucho menos de ti. Me has hecho sentirme inferior, realmente me has hecho plantearme si soy una mierda, y desgraciadamente, creo que he visto tarde que objetivamente te doy varias vueltas.

Ahora empieza una nueva etapa en mi vida. Parece que voy coleccionándolas, porque no soy capaz de mantener nada más de seis meses. Vuelvo a la ciudad de los sueños, o mejor dicho, la ciudad de mis sueños. Esta vez ya no tengo miedo al ensordecedor ritmo de vida, te tengo miedo a ti. Si no me conoces, pensarás que soy borde, pero una vez que entras en mi parcela, comprenderás que la más mínima acción puede implicar el desbordamiento. Me he convertido en sensible, o quizás siempre lo fui, pero necesité estos años de auto-búsqueda para encontrarme. Parezco débil, pero no lo soy, la vida que he escogido me está enseñando muchas cosas, a veces a bofetadas, otras de manera dulce. Antes o después encontraré mi camino, ese que me llevará hacia las puertas de MI futuro, ese que YO Y SOLO YO habré escogido.

Leyendo lo que escribí hace prácticamente un año, me doy cuenta de por qué lo dejé. Apareció una persona en mi vida, una persona que revolucionó todos mis conocimientos del amor. Ya no necesitaba expresarme a través del ordenador, había alguien que aparentaba estar interesado por mí y que parecía querer escucharme.

No quiero, no quiero hacer una entrada que hable sólo de ti. Tengo mil retos por cumplir y aun más deseos que realizar en París, mi ciudad. No creo que consiga todas mis metas, pero sé que este 2010 está trayendo muchos cambios. Empezando por mi propósito “ser gay es normal” que ha hecho que aquí en Francia todo el mundo sepa que soy homosexual como si del color de mi camiseta se tratase. La vida es corta, o por lo menos yo veo que el tiempo está pasando muy rápido alrededor mío. No quiero seguir desperdiciando días, momentos, e incluso tiempo en personas que no merecen la pena.

Nunca creí en el destino, pero decididamente, no siempre tengo las llaves de mi futuro. Lo que tenga que venir vendrá, sólo tengo la certeza de que en algún momento, a base de dar a los demás, yo recibiré también algo del cariño que tanto ansío.

viernes, 8 de mayo de 2009

La alegría momentanea

Ayer me lleve uno de los alegrones más grandes de hace tiempo. Y la verdad, que después de haber dormido mejor que un bebé, me he dado cuenta que he hecho castillos en el cielo. Después de haberme atrevido a mandarte el mail (gracias a los ánimos que me han dado ciertas amigas), estuve contento, puesto que había tenido, una vez más, valor para hacer cosas que normalmente no hago. No niego que después estuve desconectado para no ver si tu aparecías online.

Al final, se conectó una persona con la que quería hablar, así que me puse en no disponible, y ahí estabas tú. No me hablaste, y no me molestó para nada, es más prefería que no respondieses a que fueses borde. Así que tras hablar con mi amigo, me dispuse a ver una película, Cuando menos te lo esperas.

Fruto del azar, de la casualidad o del destino, cuando acabé justo la peli (que por cierto, acaba en París al lado del Hôtel de ville, zona muy frecuentada por mí, y muy cercana al barrio gay) vi que alguien me acababa de escribir. Eras tú. Me pusiste “on peut boire un verre au début de la semaine prochaine”.
Mentiría si no dijese que me sentí el hombre más feliz del mundo. Me dieron muchísimas ganas de gritar, ya no por el hecho de que aceptabas quedar conmigo, sino por el hecho de que un francés contestase a un mail, o diese señales de vida. No recordaba esta sensación de triunfo.

Hoy, tras haber hablado con mi mejor amiga, he visto las cosas mucho más realistas. Así que ya no estoy ni mucho menos tan feliz como ayer, aunque si orgulloso por haber obtenido una respuesta.

No sé por qué me he empeñado tanto en quedar contigo, no sé por qué te he idealizado en mi cabeza, y mucho menos por qué me pongo nervioso al verte delante de mí. No creo que para cuando vuelvas de tu fin de semana en casa te acuerdes de lo que me dijiste, pero aunque te acuerdes, no tengo claro que vaya a aceptar tu propuesta, por el simple hecho de que jamás hemos mantenido una conversación por el msn, así que creo que el hecho de vernos en persona, no va a mejorar la sensación de aburrimiento que ambos tenemos cuando hablamos. Tú porque no contestas, y yo porque espero tu respuesta.

En fin, lo dicho, nadie me va a quitar la alegría que sentí ayer. Pero el futuro es incierto, y no debo esperar nada de las palabras escritas, al fin y al cabo, no es la primera vez que se tuerce todo. Es más, todo lo contrario, todavía no he vivido una vez en la que algo saliese totalmente redondo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Difícil de creer, pero fácil de sentir


Siento que no te he dicho toda la verdad. Y sé que no debo decírtela puesto que poco voy a conseguir más que echarte de mi lado. Cierto, si leyeses esto, alucinarías con lo que siento por ti. Sé que no te conozco, pero sé mucho más de ti de lo que tú te piensas.

Sé tu blog, sé tu facebook, sé algunas cosas de ti, pero siempre indirectamente. He visto videos tuyos, y sé que aunque no me lo hayas demostrado, eres una persona genial. Se puede ver en tu cara que eres buena persona, es más, creo que noto tu timidez, así como que no eres el típico niñato gay que lo único que busca es tener a algún chico en su cama como la mayoría de los que he encontrado en esta ciudad.

Me da miedo el mail que te he mandado, por el simple hecho de que no creo que llegues a entender la casi necesidad que tengo de conocerte, para intentar buscarte defectos que me hagan olvidarme de ti.

Y normal que quiera buscarte defectos, porque en estos momentos te has metido muy dentro de mi cabeza. Sé que es imposible, que no te conozco, y que lo único que consigo así es pasarlo mal. Pero no es del todo cierto. Sueño contigo, evidentemente no en plan sexual ni nada de eso, pero el otro día cuando te vi en la discoteca, mi corazón se puso a latir más fuerte, y un miedo increíble se apoderó de mí, un miedo irracional a parecerte insuficiente. Me gustó tu forma de bailar, en verdad en tu cara se veía que no lo estabas pasando demasiado bien, y que la música no te atraía demasiado, pero si te hubieses percatado que tenías a un chico mirándote sin parar e intentando a través de tus ojos comprender más cosas de ti…

Ayer cuando me viniste a hablar, otra vez me puse nervioso. Era la primera vez que venías a hablarme, después me di cuenta de que a lo mejor es que te llegó en ese momento el saludo que te hice en la madrugada del domingo, pero aún habiéndome dejado a la mitad de la conversación, he de decir que soñé contigo. Soñé que me abrazabas y me dejabas dormir a tu lado, y he de decir que hacía tiempo que no descansaba tan tranquilamente.

No encuentro nada positivo en el hecho de tener tantas ganas de conocerte. Me voy a ir en breve, quizás si la suerte no me acompaña, para no volver. Y aunque suene egoísta, me parecería mal enamorarme de ti, cuando posiblemente ni yo te atraiga, ni pueda darte lo que tú buscas.

Sólo quiero que sepas una cosa. Gracias. Gracias por haber aparecido en mi vida, para darme cuenta de que yo no soy una persona que pueda meterme en la cama con alguien a quien no conozco. Puede que jamás lo llegues a saber, pero gracias a ti saqué demonios de mi cabeza, y creo que me has hecho conocerme un poco más.

domingo, 3 de mayo de 2009

El reto de saber perder


Ya no sé que más hacer. Debe de ser que tengo pegado en la frente el cartel de “putón”. Tan siquiera me da la oportunidad de conocerme. Sólo un día conseguí tener una conversación interesante con él. Y fue interesante porque trataba de alguien importante para él, una amiga.

Evidentemente, este no es el sitio para “venderme”, es más, es que no sé hacerlo. Pero me sirve como vía de escape, donde escribir lo que pienso, lo que siento. Lo más gracioso de todo, es que sigo teniendo muchas ganas de hablar con él. No lo conozco, cierto, pero hay algo en él, en su forma de ser, que me resulta atractivo.

No negaré que es guapo, evidentemente ya me dejó claro que yo para él no lo soy, después de varias frases que me descolocaron, “no creo que te vaya a gustar”, “te pega un chico grande y musculoso”. Es cierto, es el mundo gay, el físico y el sexo están a la orden del día, y pocos muestran el interés por la persona. Soy gay, lo tengo claro, pero no por ello soy como el resto. Prueba de ello es que dentro de poco ya voy a cumplir un año sin que nadie me haya dado un beso, y aún sueño con pasear por la ribera de “la Seine” con un chico, con MI chico, hablando de cualquier cosa, pero sabiendo al mismo tiempo que será un recuerdo para toda la vida.

Poco que decir, porque todo son sentimientos de decepción. Está claro que no estoy enamorado de él, tan siquiera sé si lo podría llegar a estar. Pero el simple hecho de verlo conectado, mirando su foto del perfil, me hace soñar con lo imposible.

Cuándo dejaré de montarme películas introduciendo a protagonistas que tan siquiera quiere aparecer de “extras” en ella? Es bueno ser gay y romántico, o por el contrario es considerado como un defecto?

Son muchas dudas las que tengo, pero la que más me incomoda, es la razón de no haber tenido la oportunidad de dejarme conocer. Para mí, es decepcionante, porque debo dar una imagen irreal de mí. Sé que llevo una máscara para que no me hagan daño, pero al mismo tiempo, cuando me la quitó, me vuelvo demasiado vulnerable y temeroso.

Ojalá un día las cosas cambien, ojalá un día encuentre alguien que quiera traspasar la barrera y tenga interés en conocerme. Mientras tanto, seguiré mi camino, sin prisa pero sin pausa.