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miércoles, 16 de marzo de 2011

¿Lo prometes?

Siempre serás mi abuela del alma...

"¿Lo prometes?...

¿Todos los días...llueva o truene...haga viento o diluvie?..."


¡¡SI LO PROMETO!!


Te echo mucho de menos, soy incapaz de rendirte los homenajes que me propuse. Al igual que en la película, no te quiero dejar marchar...Ojalá pudiésemos vernos todas las tardes al terminar de sonar los cañones...


¡¡TE QUIERO!! Espero no haberte defraudado!!



Nota : Me sorprendió gratamente la película "Charlie St Cloud". Al mismo tiempo, me dolió...

viernes, 18 de febrero de 2011

Sueño de una noche de san Valentín


Nunca había vivido un San Valentín.

Nunca había tenido la oportunidad de poder decir junto a mi novio que este día era un invento estúpido de los grandes almacenes para favorecer el consumismo. Lo más cerca que estuve de poder infravalorar esta fecha fue el año pasado. Año de sombras en mi vida, y muy pocas luces. Paradojas aparte con que mi vida se desarrolla en aquel lugar llamado ciudad de las luces, pero en mi interior más conocido como la ciudad del amor.

En ese día, no viví nada feliz, simplemente amanecí de nuevo en los brazos de la persona que me llevó al abismo. Esa persona que tantos males me hizo encontrar, y que provocó que la oscuridad entrara en mi vida. O peor aún, en mi corazón.

Muchos meses de duelo, un duelo que creo no haber superado. Mucho dolor por el camino, pero no el suficiente como para odiar. Ni tan siquiera suficiente como para olvidar. Lágrimas amargas con muchas noches en vela. Mi íntima amiga la soledad, se aprovechó de la hospitalidad de mi corazón, y se instaló con una duración indeterminada.

Este año, fue diferente. Fruto del azar, el destino o quizás el subconsciente, de nuevo tuve el valor de entrar en el camino fácil de conocer chicos. Y apareciste tú. Inesperado. Sorprendente.

Al nada de hablar contigo, quedamos a tomar algo. Consecuencia de mis complejos, de mi nerviosismo o mi verborrea, te resumí mi vida en dos horas. Esos ojos verdes me inspiraron tranquilidad, confianza, e incluso seguridad. Esos ojos me llevaron a la perdición. Hicieron que apareciese una fisura en mi coraza protectora.

Los días pasaron, e intenté mostrarte mi interés. Al final, conseguí que nos viéramos, porque quería seguir conociéndote. Eres especial, no por guapo, no por listo, sino porque en ciertos momentos tuve la impresión de que no sólo me oías, sino que me escuchabas. Una gran novedad para mí.

El día no fue el más propicio en un inicio. San Valentín. Día de los enamorados. Tras varios fracasos en la planificación, terminamos alrededor de una crêpe y una botella de sidra. Nunca pensé que las matemáticas me harían sentir paz. Que los números podían esconder conversaciones cultas e interesantes. La cena termino precipitadamente para escuchar los tartamudeos de un rey.

Mientras veíamos como un pseudo-profesional ayudaba a curar la enfermedad o minusvalía de una persona orgullosa, mi mirada se fijaba en ti secretamente. En tus movimientos nerviosos. En cómo te mordías las uñas. En cómo te rascabas granos inexistentes. Mi coraza se desgarró un poco más. No sabía cómo hacerlo. No sabía cómo hacer que tu mano se cruzara con la mía. Tan siquiera supe si tus miradas durante la cena eran entusiastas hacia mí, o hacia mi acento extranjero. Todo pasó.

El rey consiguió dar su discurso, superó sus miedos. Yo, no. Y te vi marchar.

Desde hacía mucho tiempo, no había tenido esa sonrisa en mi cara. Me hiciste volver a creer. Creer en que hay personas interesantes en el camino. No sólo el color de los ojos es importante, también su interior.

Te fuiste. Para no volver. Y me volví a encerrar en mis aposentos, para sellar las fisuras de mi coraza. Te fuiste, pero sanaste muchas heridas sin tan siquiera tocarlas.

Y todo quedó en la mejor noche de san Valentín de mi vida. Un sueño fugaz, pero feliz.

martes, 23 de marzo de 2010

Los viejecitos del parque


Era una fría tarde en la ciudad. Comenzaba a oscurecer, aunque ya habíamos cambiado de estación. Sin embargo, la bufanda seguía estando alrededor de mi cuello para evitar otra recaída. Era relativamente temprano, para las horas en las que yo solía andar por allí, pero ese día sólo tenía ganas de llegar a mi casa y tumbarme a ver una película que consiguiese evadirme de mis problemas. Por la calle me encontré muchas parejas, de todas las edades, pero será por cuestiones del azar, las que más me llamaban la atención eran las de los ancianos.

No debía ser mi día, porque veía felicidad por todas partes y yo me sentía desdichado. Los niños estaban corriendo de un lado a otro en el parque, con la mirada atenta de sus madres para actuar en caso de alguna caída. La pareja de abuelitos, a los que llevo viendo varios años, seguían sentados en el mismo banco de siempre, conversando de todo y de nada. Muchas veces me he preguntado cómo pueden seguir teniendo temas de los que hablar dos personas ya jubiladas que están juntas todo el día. Siento envidia de ellos, pero al mismo tiempo alegría. Estamos en una época en la que no hacemos más que infravalorar a nuestras personas mayores, sin tener en cuenta que lo que ellos trabajaron en su día es lo que nosotros disfrutamos e incluso nos dedicamos a destruir.

Al llegar a mi casa, busqué entre todos mis dvd’s alguna comedia que no me supiese ya de memoria, o en cuyo caso, que no me hubieses propuesto tú de verla. Di con una que me apetecía ver, y de la que aún no me había aprendido los diálogos. Raudo y veloz, me duché y preparé la ropa para el día siguiente, así como la bebida y las palomitas para la película.

Cuando la película terminó, me di cuenta de que no era una comedia sin más, sino una comedia con final feliz. Y como de costumbre, me puse a crear de nuevo mi cuento particular de la lechera. Volví a recordar esos tiempos en los que éramos felices, en los que hubiera dado mi vida por ti, para posteriormente imaginarnos ahora como aquellos viejecitos del parque…Sólo tenía una contradicción mi cuento, que tú y yo jamás conseguimos hablar.

Justo cuando estaba en estas elucubraciones, me llamó Juan. Ese fiel amigo que no sé cómo se las apaña para por telequinesis quizás, darse cuenta de los días en los que mi felicidad no es desbordante. Vivía lejos, pero gracias a las nuevas tecnologías, podíamos mantener una relación casi normal. El sabía todos mis problemas, pero desgraciadamente, o bien el no tenía, o no confiaba en mi como para contármelos.
Como siempre, me hizo reír con su forma de contarme sus aventuras. Era capaz de convertir la noticia más idiota en un acto espectacular. Y me dio la sorpresa de que a finales de mes, vendría de visita un fin de semana.

La conclusión que saqué cuando apagué las luces y me fui a dormir me sorprendió incluso a mí mismo. Los días pueden ser soleados o nublados, pero siempre, aunque intentemos ser negativos, tenemos a nuestro lado la gente que puede hacernos soñar.
Para poder pensar en estar bien con alguien, primero hay que aprender a disfrutar de uno mismo y de las personas que nos rodean, que nos quieren, aunque los abrazos no puedan darse tan a menudo como querríamos.

N.A.: Afortunadamente todos tenemos un amig@ "Juan"

viernes, 8 de mayo de 2009

La alegría momentanea

Ayer me lleve uno de los alegrones más grandes de hace tiempo. Y la verdad, que después de haber dormido mejor que un bebé, me he dado cuenta que he hecho castillos en el cielo. Después de haberme atrevido a mandarte el mail (gracias a los ánimos que me han dado ciertas amigas), estuve contento, puesto que había tenido, una vez más, valor para hacer cosas que normalmente no hago. No niego que después estuve desconectado para no ver si tu aparecías online.

Al final, se conectó una persona con la que quería hablar, así que me puse en no disponible, y ahí estabas tú. No me hablaste, y no me molestó para nada, es más prefería que no respondieses a que fueses borde. Así que tras hablar con mi amigo, me dispuse a ver una película, Cuando menos te lo esperas.

Fruto del azar, de la casualidad o del destino, cuando acabé justo la peli (que por cierto, acaba en París al lado del Hôtel de ville, zona muy frecuentada por mí, y muy cercana al barrio gay) vi que alguien me acababa de escribir. Eras tú. Me pusiste “on peut boire un verre au début de la semaine prochaine”.
Mentiría si no dijese que me sentí el hombre más feliz del mundo. Me dieron muchísimas ganas de gritar, ya no por el hecho de que aceptabas quedar conmigo, sino por el hecho de que un francés contestase a un mail, o diese señales de vida. No recordaba esta sensación de triunfo.

Hoy, tras haber hablado con mi mejor amiga, he visto las cosas mucho más realistas. Así que ya no estoy ni mucho menos tan feliz como ayer, aunque si orgulloso por haber obtenido una respuesta.

No sé por qué me he empeñado tanto en quedar contigo, no sé por qué te he idealizado en mi cabeza, y mucho menos por qué me pongo nervioso al verte delante de mí. No creo que para cuando vuelvas de tu fin de semana en casa te acuerdes de lo que me dijiste, pero aunque te acuerdes, no tengo claro que vaya a aceptar tu propuesta, por el simple hecho de que jamás hemos mantenido una conversación por el msn, así que creo que el hecho de vernos en persona, no va a mejorar la sensación de aburrimiento que ambos tenemos cuando hablamos. Tú porque no contestas, y yo porque espero tu respuesta.

En fin, lo dicho, nadie me va a quitar la alegría que sentí ayer. Pero el futuro es incierto, y no debo esperar nada de las palabras escritas, al fin y al cabo, no es la primera vez que se tuerce todo. Es más, todo lo contrario, todavía no he vivido una vez en la que algo saliese totalmente redondo.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Hula girls


Como si de un cine se tratara, hoy me puse a ver esta película en mi habitación. Jamás había oído hablar de ella, no sé si tan siquiera ha tenido promoción en España, pero el caso es que encontré el título entre los millares de películas disponibles a descargar, y después del buen sabor de boca que me dejó la película “los niños de Huan Shi” decidí dar un voto de confianza al cine oriental, dejando de lado las artes marciales.

Reconozco que normalmente cuando me pongo delante de una pantalla para ver una película, lo que básicamente espero de ella es que me entretenga. Cierto es que no confío nada en el cine español, quizás por la fama que carga, declarándome fiel seguidor de las denominadas comedias románticas, aunque sepa el final antes de empezar. Al mismo tiempo y aún tachándome de infantil, no encuentro películas mejores que las de Disney, si bien he de reconocer que los clásicos son de una mayor calidad. Tengo claro que si quiero evadirme de mi realidad, dejar de dar vueltas a todo lo que hay en mi cabeza (incluidas las historias que creo, debidas a los más ínfimos detalles que observo a mí alrededor), no hay nada mejor que una película, a poder ser con un buen bol de palomitas.

Por lo tanto y aunque mi criterio cinematográfico no sea del agrado de muchos que me tachan de tener mal gusto, os insto a ver esta película. Quizás después de verla no estéis de acuerdo conmigo, pero estoy seguro de que al menos os habrá hecho valorar algunas cosas. No viene al caso mencionar los aspectos de mi vida que han sonado en mi cabeza al ver la película, simplemente creo que al igual que me pasó con “sweet sixteen”, hay muchos largometrajes de los que no oí hablar, y dentro de que no son mi típica película de domingo por la tarde, merecen ser vistas.

Lo único que echo en falta, es tener a mi lado algún amigo o familiar, para después de ver una película, comentarla. Sé que parece una idea extraña, posiblemente jamás os lo hayaís planteado antes, pero este tipo de películas a cada uno le llegan de una manera diferente, y en mi opinión es una forma ya no sólo de tener una conversación diferente, sino de mejorar la película con otros puntos de vista, e incluso descubrir detalles hasta ahora desconocidos de mi interlocutor.

Así que si alguien se anima a verla y después le apetece comentarla, aquí estaré, desde el otro lado de la pantalla del ordenador, posiblemente viendo otra película desde mi pequeña habitación parisina.