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viernes, 3 de junio de 2011

Otro día más en mi extraña vida


Ayer volví a la locura, volví al pasado para darme cuenta de que las cosas se quedaron donde debían. O al menos eso es lo que intento decirme al no comprender muchas actitudes.

Semana corta donde las haya. Empecé mi peripecia en Londres, afrontando un reto importante para mí. Volví a la ciudad de las luces con poca energía, pero con el alma más tranquila. Tranquilidad que duraría poco debido al siguiente viaje programado. Viaje en un inicio previsto para descansar, reflexionar y disfrutar, pero que se convirtió en un avance de “viviendo con el enemigo”.

Todo el mundo está durmiendo después de la fiesta de ayer. Todo el mundo menos yo. En un salón de inspiración francesa, pero decorado con el presupuesto que pueden tener unas estudiantes me encuentro escribiendo sentado en un sofá de los años 60. El idílico momento de paz y sosiego se ve interrumpido cada poco por los dos lindos gatitos que no paran de jugar y pelearse entre ellos. Entre sus cualidades no están ni la de dejarme escribir tranquilo, ni la mecanografía (a no ser que las palabras en idioma gatuno sean solo números) pero son tan ricos que me encantaría poder llevármelos a ambos.

Volviendo a esta locura de largo fin de semana, siento que vuelvo a los orígenes. Siento que las sesiones con el psicólogo no han conseguido todavía cambiar mi cabeza. Sigo pensando demasiadas cosas a la vez, y al mismo tiempo olvido disfrutar de cada momento. Ayer fue el primer día desde hace tiempo que me sentía un poco excluido. No por la gente, que me prestaba la atención básica, sino por aquella persona que mi subconsciente llama “enemigo”. Ya ha pasado mucho tiempo. Quizás incluso demasiado. Pero ahora me doy cuenta de que no veo ninguno de mis ideales en su persona. Antes lo consideraba genial, ahora simplemente uno más, con otro bonito complejo de inferioridad a las espaldas.

Fue él la última persona que me tocó. La única persona en mi vida a la que permití traspasar barreras inimaginables en mi cabeza. Pero todo tiene un precio, y el mío es un largo periodo de reflexión aderezado con terror a que alguien me toque, ¿ existirá la tactofobia ?.

Tras él, vino el miedo. Y con él, la soledad. Me fuerzo día a día para seguir el ritmo de los otros, pero creo que mi escasa alimentación está causando mella. Ya no consigo ni dormir tranquilo. Sólo consigo soñar despierto, aun a sabiendas que el único que posee la llave de mi futuro soy yo.

Esta noche he estado pensando. En nada voy a alcanzar los 26 años, y lo más triste es que llevo semanas creando castillos en el aire para estar solo en ese día. A partir de más o menos ese día, una aventura nueva comienza, pero empiezo a creer que nunca seré enteramente yo mismo si no afronto de una vez por todas mi realidad.

En medio de la noche se me ha ocurrido una idea revolucionaria. Irme por sorpresa a casa de mis padres por mi cumpleaños. No sólo por verlos y salir de fiesta con mis amigos, sino para asumirme delante de ellos.

He repasado en mi cabeza todas las series, películas o libros que han pasado por mis manos en los que alguien anunció la “buena nueva” a sus padres. He pensado incluso el discurso que contaría. Las posibles reacciones, tanto las histéricas como contenidas, pero me supongo que como siempre, es mucho más fácil soñar despierto en la cama que afrontar el reto de vivir mi vida.

Siempre pensé que necesitaría de un novio para tener el valor de hablar con mis padres. Empiezo a darme cuenta de que jamás podré tener una pareja estable si no estoy bien conmigo mismo. Y aunque algunas personas me han aconsejado vivir mi vida al margen de mi familia ultraconservadora, el único modo de sentirme bien en mi propia piel es diciendo de viva voz lo que creo que ya todos suponen.

En próximas entregas veremos si lo que germinó en mi cabeza durante el duermevela llega a algún sitio o si se queda una vez más en una utopía. Hace un tiempo utilizaba una frase para evitar el fin, ahora es para evitar el comienzo (y supongo que el miedo a la decepción). Aún con eso,

“Ya veremos!”

P.S. Hace mucho que no sé de ti. Ni por msn, ni por mail, ni nada. Y necesito saber algo de ti. Mi vida sigue dando tumbos y me gustaría tener tu opinion! Sé que antes o después leerás esto...te echo de menos...

sábado, 16 de abril de 2011

Amor, Sexo y Amistad


Cuando conoces a un chico que te interesa, sea por internet, de fiesta, o por la calle, te encuentras en una encrucijada con varias soluciones. La que siempre deberíamos desechar es aquella de que no nos volverá a llamar. A veces se dará dicha situación, pero no implica una batalla perdida, sino simplemente un camino equivocado.

Aparte de esta solución, podemos encontrarnos con tres posibilidades fundamentalmente: Amor, sexo o amistad. Depende de cada persona saber cómo afrontar cada situación. Para ello, puede ser necesario conocer el significado de cada una de las tres posibilidades. Comprender plenamente lo que cada una conlleva, en todos los ámbitos.

El sexo implica una unión física, a priori sin consecuencias emocionales. Simplemente descargar adrenalina entre los brazos de un desconocido, con el único objetivo de obtener placer. En la mayoría de los casos, al no plantearse la existencia de “qué pasara mañana” no se pierde el tiempo en buscar como dar el máximo placer a tu “partenaire”.

La amistad implica una relación afectiva en el plano superficial. Comienzas a compartir gustos, aficiones, e incluso debates sobre temas que no dominas, dejando casi siempre al margen las relaciones físicas. Pero con las amistades, aun habiendo diferentes grados, podemos ser nosotros mismos. No tenemos que escondernos bajo una máscara para resultar interesantes o conseguir volver a ver a alguien. Amigos significa ser escuchado, pero también escuchar. No es fácil llegar a esta simbiosis con una nueva persona, pero tampoco imposible.

Por último queda la posibilidad del amor. Conexión en todos los sentidos con otra persona. El sentimiento más peligroso de todos. Inestable como el tiempo, caliente como un volcán y con la fuerza de un seísmo. Es la perla rara que todos ansían tener. Y una vez que la tienen, empiezan a ver las impurezas e imperfecciones. Es la plenitud en mayúsculas, puesto que esconde todas las posibilidades. El sexo con la mayor pasión, la amistad más íntima posible y el sentimiento paradójico de seguridad.

Cómo afrontar una primera cita? Y mas difícil todavía, en caso de que exista una segunda, qué claves hay que buscar en el comportamiento de la otra persona? Cómo saber cuál de las tres posibilidades buscar en la otra persona? Y si se da la cuarta posibilidad...Cómo afrontarlo sin convertirse en la persona del corazón de hielo?

En mi caso, soy una persona quizás labrada en torno al mundo onírico de las comedias románticas. Para mí, cada vez que una persona aparece en mi vida, tiendo a crear el típico cuento Disney en el que un príncipe se enamora de una persona humilde. Comienzo a crear toda una red de citas y noches juntos sin tan siquiera haber hablado con él. Es un arma de doble filo, o al menos así lo veo yo. Por un lado, al soñar tu vida, puedes creerte el rey del mundo, puedes ver como incluso llegas a instalarte con dicha persona, y como empieza a existir en tu vocabulario coloquial el término “nuestra vida”. Sin embargo, por otro lado, es de sobra evidente que soñar una vida no solo es triste y peligroso, sino que también implica cobardía y decepción al darse cuenta de que la realidad no es tan perfecta como lo imaginaste.

Así me ha pasado siempre. Siempre que conozco a alguien voy con la idea de que será mi novio ideal. Alguna vez he acertado pensando que era amor, aunque tiempo después el príncipe se convirtiera en demonio. Otras veces la película no duraba ni el entreacto, puesto que se quitaban la ropa antes de saber mi nombre. En estos casos casi siempre he salido huyendo antes de perder los papeles. Sin embargo, solo me ha pasado una vez que una persona que yo considero que puede ser mi novio perfecto quiera seguir viéndome pero no quiera nada conmigo mas allá de una supuesta amistad.

La decepción que me llevo es la misma, puesto que al fin y al cabo el que mucho espera, desespera. Pero olvidar a estas personas es mucho más difícil por varios motivos. No tienen ningún problema en seguir viéndote, es más, incluso se nota que disfrutan de vuestras “soirée” juntos. Pero no puedes reprocharles nada, porque simplemente no te han hecho mal. No es como el novio que te pone los cuernos, o que te humilla hasta querer acabar con todo. No tienes ninguna razón para odiarlo, pero a la vez tampoco sabes cómo poner en tu mente la barrera para seguir viéndolo sin buscar nada más con él.

En estos momentos me encuentro en esta situación. Perdido. Decepcionado. Con ganas de tirar la toalla. Con ganas de levantar de una vez por todas la bandera blanca que implique el final de la lucha. El final de la guerra por conseguir el amor.

Días mejores vendrán. Lo único que me desanima es que parece que hay que ser egoísta y poner la coraza alrededor del corazón para no siga debilitándose su latido.

Me gustaría aprender a no implicarme al conocer a alguien. El hecho de poder ver que no siempre se encuentra el amor enfrente mío. Puesto que según como hasta el momento hago las cosas, solo me lleva a terminar encerrado entre mis cuatro paredes, sin ganas ni de ver gente nueva, ni aquellos que un día llamaba amigos.

domingo, 13 de marzo de 2011

Everything’s Ok!



¿Y si nos empeñamos en ocultar cosas a nuestra familia pensando que les hacemos un favor?

Desde que puse distancia de por medio, aprendí una lección que puede que no sea totalmente cierta. Mi vida es mía, yo soy yo, y mis problemas son míos. Muchas veces tergiverso la información que llega a mi familia. Es cierto que un filtro o una censura son necesarios en muchos de los casos. Al fin y al cabo, la mayor parte de mis problemillas no pueden ser resueltos por ellos. La distancia es muchas veces el mayor aliado de la soledad. Y el mayor enemigo de la verdad. Es tan sencillamente fácil mentir cuando no mostramos nuestra cara, que corremos el riesgo de engañarnos a nosotros mismos.

Creo firmemente que engaño a mis padres contándoles lo magnífica que es mi vida, evitando oficialmente preocupaciones innecesarias. Sin embargo, tengo la ligera impresión de que notan en los acordes de mi voz si les estoy contando la verdad, cual polígrafo en un juicio.

El problema reside en que también censuro las cosas buenas. Lo cual considero bastante triste. Esta vez no por miedo a preocuparlos, sino por miedo al rechazo, a la decepción.

He intentando ser el hijo que querían, con mis excentricidades, mal comportamiento y bordería, pero al fin y al cabo, intentándome basar en los sueños que proyectaron en aquel mico que nació un 18 de junio. No soy así, y tengo miedo de su reacción al saber quien soy verdaderamente. Miedo al demostrarles que aunque me muestre lejano a ellos, ocupan gran parte de mis pensamientos, incluyendo si aprobarían los pasos que voy dando.

No soy lo que querían, pero sí tengo gran parte de los valores que me inculcaron. Y la familia es uno de ellos. El más importante. Lo único que me impide buscarme la vida en continentes lejanos son ellos. El hecho de no poder estar a su lado si algo malo ocurre. Porque afortunadamente para las cosas buenas siempre hay una planificación.

Pero al mismo tiempo, lo único que me impide hacer mi vida a su lado, es ver sus caras al conocer facetas de mi vida supuestamente ocultas a sus ojos. Principalmente una, que forma parte de mí, que me ha hecho como soy, y que ha modificado características fundamentales de mi persona.

Desde pequeño mis hermanos y yo hemos soportado una gran presión. Evidentemente, desde el ánimo de la superación y no de la destrucción. Pero dicha presión o ambición inculcada, provoca fisuras difícilmente reparables. En mi caso, inseguridad. Y como daño colateral, una falsa muestra de desarraigo familiar.

Sin embargo, la realidad es que la familia es el pilar fundamental de nuestras vidas. Sin ellos nos quejamos de que no están, y con ellos nos quejamos de que nos cansan. Paradojas de la vida. Como todo, quien está soltero ansía tener pareja, y quien está en pareja, no le encuentra más que problemas a dicho status.

Bromas aparte, gracias a quien sea, puedo decir que “todos estamos bien”. La perfección no existe, y en cada familia cuecen habas, pero en lo básico, everything’s Ok!

miércoles, 26 de enero de 2011

Te hemos perdido


Antes de terminar el 2010, y como habitualmente en los últimos años, hubo discusiones en casa teniendo como denominador común una persona: Yo.

Todo se remonta a más de 3 años atrás. Un fatídico 27 de septiembre. La terminal 1 del aeropuerto de la capital fue el escenario de la secuencia en la cual el hijo pequeño, y por ende mimado, de una familia dejaba las faldas maternas para enfrascarse en una aventura/desafío.

Tras un interminable café en el que tantas cosas pasaban por la cabeza de aquel joven, veía como los ojos de su familia se tornaban vidriosos cuanto más se acercaba la hora del vuelo. Aguantó el tipo delante de ellos, para impedir la típica frase de “si no quieres irte, no te vayas”. Fue una situación dolorosa, para las dos partes, pero sin ánimo de victimismo, más aún para aquel chico que dejaba su país, por motivos en parte ajenos a su voluntad.

Nada más traspasar el obligado control policial, recibió una llamada de la persona que materializó una realidad que hasta un año antes estaba bien encerrada en la mente del joven. Dicha llamada debía ser para infundir ánimos, pero se convirtió en una sarta de reproches. Con la objetividad que otorga el paso del tiempo, el emigrante se dio cuenta de que todos los reproches que le hicieron, no fueron más que la manera fácil y dolorosa de mostrar la pena por la marcha de un ser querido.

Cuando se inicio el embarque, las lágrimas corrían por las mejillas del chico, que desconsolado se preguntaba una y otra vez si esta huida era la solución a sus problemas.

Cabe decir que su vida se convirtió en una montaña rusa, no sólo de sentimientos, sino también de vivencias debido a las variaciones geográficas. En los tres años que ha pasado en su país de exilio, ha cambiado cada 6 meses de lugar de residencia, sin tener siquiera la posibilidad de llamar “hogar” a uno de esos lugares donde almacenó sus “affaires”. En todo ese tiempo, la huida se convirtió en un desafío.
Conoció a mucha gente que han intentado ayudarle en el camino. Unos siguen con él a día de hoy, otros dejaron paso a nuevas personas, pero los que poco a poco se fueron debilitando fueron los lazos familiares.

Por motivos del destino, la casualidad o el azar, hace unos dos meses, coincidiendo con el final del máster en el que se embarcó por amor, la abuela del joven empeoró gravemente de salud. Sin tener casa, sin saber dónde dejar todos los objetos de valor (unos sentimentales y otros monetarios) no dudó un instante en volver a sus orígenes para estar al lado de los suyos. Ayudar en todo lo posible era su misión principal. El destino decidió que la situación se estabilizase, impidiendo al joven decidir con claridad los nuevos pasos a seguir en el camino de su vida. O quizás, simplemente, sin ganas para llevar a cabo una nueva huida, sabedor ahora de que los fantasmas van incluidos en el equipaje.

Hace apenas 72 horas, una nueva discusión le llevó a escuchar una de las frases más dolorosas que jamás pensó oír, pero que inconscientemente se ganó a pulso. En medio de la disputa, su madre le relató los minutos posteriores a su marcha 3 años atrás.
Relató las lágrimas derramadas, pero haciendo un inciso. Para ella, con el paso del tiempo, esas lágrimas fueron premonitorias, porque fueron la señal que desencadenó el hecho de que “te hemos perdido como hijo”. Cierto es que el joven se reprocha muchas cosas, sobre todo los malos modos quizás inconscientes hacia su familia. Reproches fundados en la educación que recibiera, y que le impiden mostrarse como verdaderamente es.

Las cosas serian más fáciles si se atreviera a mostrar sus cartas, si de una vez por todas asumiera lo que es. Pero como niño chico que se escuda en banalidades, siempre encuentra la excusa perfecta para no dar el paso. La más recurrente es aquella en la que considera que es un paria social, y que por ende, es la oveja negra de la familia.

Todo ello ha hecho que esté perdido. Al sentirse sin ningún apoyo, sin personas en las que verdaderamente pueda dejar la carga de su equipaje. La familia siempre estará ahí, pero tanto jugar con fuego puede provocar rupturas irrecuperables. El joven afronta en pocos días un nuevo reto, sin unas ganas desbordantes de seguir luchando, pero con ánimo de ir viendo el camino a seguir.

lunes, 3 de mayo de 2010

La balsa


Qué significan unas lágrimas más, después de todo lo llorado: Qué daño pueden hacer, si ya no queda nada dentro. Como van a sanar algo que está muerto. Como van a conseguir llevar la tranquilidad, si el tiempo se ha llevado la esperanza.

Un año hace ya. Un año que la pesadilla llegó a su vida. Un año en el que muchas cosas pasaron alrededor de una insignificante persona, llevándola a un pozo sin fondo, del que por mucho que intenta salir, sigue viéndolo muy profundo.
Angustia, miedo, desilusión, sueños rotos, desesperanza, frustración, ansias de huir, de gritar, de desaparecer.

El dolor sigue por sus venas, con la forma de espinas. Cada latido del corazón lleva consigo la propulsión de unas cuantas espinas que se clavan a lo ancho y largo de su cuerpo. Se prometió que no dejaría a un lado el dolor. Creyó que el sueño pronto lo sumergiría en un estado de semi-inconsciencia en el que ya no sentiría ni las punzadas, ni los desgarros.

No tiene ninguna medicina a mano, ni siquiera unos brazos que lo consuelen, está solo, perdido. Los días van pasando y el dolor no va disminuyendo. Se certifica cada noche cuando se despierta a las 4. Sudores fríos y taquicardias despiertan a su lado, pero siempre con la cama vacía.

De qué sirve buscar lo que no existe, de qué sirve enfrentarse a muros de 5 metros, si en la posible caída no va a estar nadie para salvarlo. Ha perdido amigos por el camino, reconoce que tanto dolor no ha sido fácil de soportar por sus allegados, puesto que durante la posesión a la que se vio sometido, ha soltado veneno en todas las direcciones, minando la confianza de aquellos que defendían con uñas y dientes el honor de este guerrero venido a menos.

La noche calma su sed, o mejor dicho, el alcohol ahoga sus pensamientos. Pero cuando el sol vuelve a salir por el horizonte, se despierta con la esperanza de que todo haya sido un sueño, de que a su lado este la persona que lo acuna, que le hace tener ganas de levantarse y comerse el mundo.

No está!!! Ni volverá a estar. Todo acabó. Se esfumó.

No hay posibilidad de que llegue otra persona, porque todavía no ha pasado el periodo de duelo. Prefiere ocupar su cabeza con planes imaginarios en los que se ve feliz. Prefiere anteponer la felicidad de los otros a la suya, puesto que ha llegado a la conclusión de que viendo la sonrisa de los suyos, el sol sale en su mente, ocultando el eclipse que lo ciega.

Lo pocos amigos que le quedan, prohíben la mención del innombrable. La cura es sencilla, dejar el tiempo pasar, pero el tiempo sin distancia no pasa a la misma velocidad. Los lazos de unión han de debilitarse para poder romperlos, de nada sirve dar un tirón fuerte, al poco tiempo volverá a su forma habitual.

Le animaron a arriesgarse, y lo hizo en pos de su seguridad. La lluvia trajo como resultado la destrucción de la balsa que debía transportarlo a la otra orilla. De nuevo esta recolectando el material necesario para intentar cruzar otra vez. Porque tiene clara una cosa, quizás no sea hoy, incluso posiblemente ni dentro de un mes, pero este rio, ni con su corriente adversa ni con ayuda de la climatología inversa, van a conseguir que desista de la idea de volver a la otra orilla de la que nunca debió salir sin dejar un cabo de seguridad amarrado. Esa orilla donde sus amigos lo esperan para disfrutar de él. Y donde por fin podrá volver a buscar eso que perdió:

Su sueño de ser feliz al lado de alguien.

martes, 27 de abril de 2010

Crossroads


Qué es lo que puedes hacer cuando te encuentras en una encrucijada? Como afrontar realidades paralelas? Como encontrar la solución acertada, para no tener que dar marcha atrás a posteriori…

Son muchas preguntas las que vienen a mi cabeza en estos momentos. Muchas dudas que incluso afectan a mi futuro más próximo. El dinero no da la felicidad, pero ayuda y mucho, sobre todo cuando ves que necesitas desconectar, desaparecer, volverte invisible en los brazos de esas personas que te curan solo con escucharte. Ya no tengo ganas de llorar, el tiempo ha pasado, la rabia se apodero de mi cuerpo por unos días y trajo consigo la destrucción de recuerdos físicos. Un error que debo a la inconsciencia, puesto que físicamente esos recuerdos no están, pero en mi cabeza están instalados en un rincón especial, y sobretodo inolvidable.

Y si?…no paro de hacer conjeturas. Estoy cansado de crear mi cuento particular de la lechera, cansado de buscar el apoyo en personas que ni tan siquiera recuerdan mi nombre o mi apellido. Sobre todo porque al final el único decepcionado soy yo.

Los días comienzan a ser más largos, incluso hace bueno en esta ciudad de las luces, pero bien sea por la escasez de dinero o bien por la falta de conocidos, las 4 paredes se convierten en mis confidentes. Al llegar a “mi casa”, ya no tengo ni ganas de ponerme delante del ordenador, las grandes jornadas en el trabajo enfrente del mismo, me quitan toda ilusión por encontrar a mis amigos en la noche. El hecho de madrugar salvajemente y sobretodo no nutrirme ni la mitad de lo debido, hacen que el interruptor OFF de mi organismo se active cada vez más pronto. Pero todo me da igual.

La brújula sigue estropeada, mi norte no sé ni donde se encuentra, porque lo único que me guía es la necesidad de unos brazos que me abracen en la noche y me reconforten cuando a las 4 de la mañana me despierte con la misma pesadilla.

Es curioso sentirte más solo en una metrópolis que en un pueblo, es insólito en mí el tener miedo a ser conocido, el tener miedo a ser tratado de inferior una vez más. Sirve de algo querer coger el toro por los cuernos? Sirve de algo afrontar un día más con la sonrisa en la cara? Al fin y al cabo, todo va a suceder igual, los días pasan rápido, y no soy capaz de encontrar la motivación para disfrutarlos como se merecen.

No estoy triste, simplemente perdido. Con ganas de comerme el mundo, pero con la certeza de no tener en estos momentos las herramientas necesarias. Vagabundear por las oscuras y quizás peligrosas noches de Paris no es lo más recomendable, pero la adrenalina que corre por mis venas cuando veo a alguien “peligroso” que pasa cerca de mí, me hace sentirme vivo. Muchas veces me pregunto si la gente que comparte vagón conmigo estará tan vacía por dentro como aparentan. A veces tengo la certeza de que los mas ignorantes son los más felices, y que los que mucho esperamos, todo perdemos en la espera.

Necesito hablar, necesito expresarme, necesito el tener una casa amiga en la que refugiarme, un compañer@ de películas, alguien con quien dar un paseo los días que haga bueno. En fin, necesito cambiar las canciones de mi Ipod, puesto que he llegado a un nivel que hasta en modo aleatorio sé la canción que va a seguir.

Y justo delante, se acerca la encrucijada, una decisión simple, rápida, pero al mismo tiempo dolorosa. Qué hacer, tener en cuenta el pasado, continuar por el camino natural, o arriesgarse y buscar experiencias nuevas…

martes, 30 de marzo de 2010

La Huída


Llegué corriendo al tren. Para variar, el metro se había parado en medio de una estación, y yo que, como de costumbre, iba con el tiempo justo, tuve que correr por la Gare de l’Est. Una vez en el vagón, me dispuse a leer mi nuevo libro. Una locura de mi última estancia en España. Decidí que quería aprender un idioma nuevo, y en vez de perfeccionar el inglés como hubiese hecho cualquiera, decidí que el ruso, por sus caracteres cirílicos, sería mi elección.

Desgraciadamente, los hechos o quizás la situación de la semana, me llevaron a abstraerme del capítulo que inicialmente me había propuesto estudiar, para llevarme de nuevo a mi mundo de sombras, del que parece que mi subconsciente no quiere salir. Este viaje era una huida. No hace ni dos semanas que estoy aquí, y ya necesito salir de esta locura. En parte tengo miedo, ya no solo por el gasto económico que conlleva, sino porque la ciudad de mi sueños se está convirtiendo últimamente en la ciudad de las incoherencias, e incluso de las pesadillas.

Jamás fui una persona olvidadiza, pero últimamente he perdido demasiadas cosas, he incluso he llegado a plantearme que es debido a que tengo demasiadas otras en la cabeza, que hacen que no me centre en todo. En el trabajo, la verdad que estoy un poco decepcionado, puesto que aunque ya sé que en Francia jamás se anima a la gente cuando hace algo bien, el hecho de solo recibir palabras ilegibles escritas en los documentos redactados por mí, me hace pensar que 7 meses van a ser demasiado largos, si no remonto la cuesta.

Esta mañana me levanté contento, con ganas de comerme el mundo, porque por la noche estaría en otra ciudad, porque por la noche mi mundo estaría al lado de una persona que siempre me hace reír, aunque desgraciadamente esta persona sea la mejor amiga del tiempo pasado. Un tiempo pasado, que no deja de influir en mi presente, y que aun creyendo en el mañana, siento que influenciara mi futuro. He intentado dejarme llevar por la corriente, he intentado dejar de pensar, incluso dejar de idealizar a las personas que me voy cruzando por mi vida. Pero soy incapaz, no puedo parar, tengo el terrible defecto de ver las virtudes de los otros, y los defectos en mí. No soy capaz de creerme un « héroe » ni dormido. Oníricamente hablando, estas semanas están siendo demasiado raras, me despierto varias veces por la noche, sobresaltado con las historias más variopintas e inimaginables, y lo único que hago es mirar el móvil, para ver cuánto tiempo me queda antes de que el despertador suene. Siempre me pongo contento, excepto la última vez que lo miro cada noche, porque o bien el azar o bien el destino, hacen que lea 7h08 es decir 2 minutos antes de comenzar el día.

Hace días leí una frase que me impacto, supongo que por el hecho de darme cuenta que funciona perfectamente conmigo. Si la gente me ve por la calle, tiene que pensar que soy feliz, porque mi sonrisa siempre está a la vista, sin embargo, el sufrimiento que llevo por dentro me sorprende incluso a mí mismo. Últimamente veo en este blog la necesidad de desahogarme, la necesidad de hablar con alguien para soltar la carga. Y qué mejor que hablar con uno mismo, para intentar comprender las incoherencias que te llevan hasta la situación actual. Estoy ya cansado de esparcir mis sentimientos con mis amigos, por el simple hecho de que estoy seguro de que ya tengo que cansarlos.

Una patología bipolar debe de estar llegando a mi vida, porque soy capaz de pasar de estar triste e incluso llorando, a incrustar en mi rostro la sonrisa y vaciar mi cabeza hasta parecer tan simple y hueca como una barbie. De nada sirve que me plantee el futuro, cuando de momento no soy capaz ni de afrontar el presente. Sé que mi sitio esta aquí, por lo menos hasta octubre, se que muchas experiencias me esperan, pero lo que en estos días no tengo nada claro es tener las armas necesarias para llevar a cabo el renacimiento del fénix y volar más alto todavía.

Afortunadamente, el tren ya esta aminorando la marcha, y con ello mi mente se aleja de las sombras. Una cosa esta clara, mi huida se ha llevado a cabo con éxito, dispongo de unos pocos días para sanar mis heridas, para ver que un futuro es posible una vez el presente haya sido restaurado.

N.A. Sé que este texto no se merecería ni ser tan siquiera publicado, no tiene ni calidad, ni historia, ni nada. Solo refleja el pozo en el que un chico supuestamente joven se ha caído, y del que no sabe cómo salir. Muchas cosas en la cabeza, pero verdaderamente sin los apoyos necesarios a mano. Nunca fui una persona cariñosa, simplemente por el hecho de que reservo mis abrazos, mis besos y mis carantonas para las personas que verdaderamente me inspiran un sentimiento especial. En estos momentos, creo que algo se rompió en mi interior, y lo único que me gustaría tener seria un abrazo, unos brazos en los que poder soltar aun mas lagrimas, pero que después sigan ahí para recibir toda la serenidad que emanare tras el llanto.

domingo, 3 de mayo de 2009

El reto de saber perder


Ya no sé que más hacer. Debe de ser que tengo pegado en la frente el cartel de “putón”. Tan siquiera me da la oportunidad de conocerme. Sólo un día conseguí tener una conversación interesante con él. Y fue interesante porque trataba de alguien importante para él, una amiga.

Evidentemente, este no es el sitio para “venderme”, es más, es que no sé hacerlo. Pero me sirve como vía de escape, donde escribir lo que pienso, lo que siento. Lo más gracioso de todo, es que sigo teniendo muchas ganas de hablar con él. No lo conozco, cierto, pero hay algo en él, en su forma de ser, que me resulta atractivo.

No negaré que es guapo, evidentemente ya me dejó claro que yo para él no lo soy, después de varias frases que me descolocaron, “no creo que te vaya a gustar”, “te pega un chico grande y musculoso”. Es cierto, es el mundo gay, el físico y el sexo están a la orden del día, y pocos muestran el interés por la persona. Soy gay, lo tengo claro, pero no por ello soy como el resto. Prueba de ello es que dentro de poco ya voy a cumplir un año sin que nadie me haya dado un beso, y aún sueño con pasear por la ribera de “la Seine” con un chico, con MI chico, hablando de cualquier cosa, pero sabiendo al mismo tiempo que será un recuerdo para toda la vida.

Poco que decir, porque todo son sentimientos de decepción. Está claro que no estoy enamorado de él, tan siquiera sé si lo podría llegar a estar. Pero el simple hecho de verlo conectado, mirando su foto del perfil, me hace soñar con lo imposible.

Cuándo dejaré de montarme películas introduciendo a protagonistas que tan siquiera quiere aparecer de “extras” en ella? Es bueno ser gay y romántico, o por el contrario es considerado como un defecto?

Son muchas dudas las que tengo, pero la que más me incomoda, es la razón de no haber tenido la oportunidad de dejarme conocer. Para mí, es decepcionante, porque debo dar una imagen irreal de mí. Sé que llevo una máscara para que no me hagan daño, pero al mismo tiempo, cuando me la quitó, me vuelvo demasiado vulnerable y temeroso.

Ojalá un día las cosas cambien, ojalá un día encuentre alguien que quiera traspasar la barrera y tenga interés en conocerme. Mientras tanto, seguiré mi camino, sin prisa pero sin pausa.

domingo, 22 de febrero de 2009

tormenta de verano...


No. Las cosas no cambian por mucho que uno sueñe con ellas. Lo he aprendido, o mejor dicho, no tengo otro remedio que aprenderlo. Hacía ya más de un mes que no me ponía delante del ordenador para escribir, para expresar lo que ya no hace más que daño en mi cabeza.

Otra vez confié en hacer amigos aquí, otra vez me equivoqué. Otra vez intenté dar una oportunidad de amistad a un ex, otra vez me equivoqué, dándome cuenta de que una vez que la ceguera se me pasa, generalmente no veo ningún punto interesante en la persona que aún sentada enfrente, y más aún, incluso habiendo compartido cama y momentos de lujuria, me parece un total desconocido.

En mi cabeza no oigo más que “ya te lo dije”, pero en mi corazón todavía guardo la esperanza de que aquel chico que no parece muy inteligente, que no es muy guapo, pero que me habla y recuerda las conversaciones que tenemos, sea capaz de quedar conmigo a tomar una simple coca-cola, y me demuestre que no soy un iluso por esperar conseguir un amigo de mi “ambiente”.

Efectivamente hoy no veo las cosas claras, y como mucha gente me ha dicho, soy un “extremista” en lo que a sentimientos se refiere, o blanco o negro, no soy capaz de entender un gris, puesto que no considero este color como una situación estable. Hoy la noticia ha sido mala referente a mis calificaciones, no sé qué va a pasar, no sé si voy a conseguir superar el obstáculo, o me convertiré en el hazme reír de todos mis allegados. Sé que no soy inútil, sé que no soy retrasado, y sobre todo, sé que me he esforzado, pero puede que dicho esfuerzo no haya sido suficiente para conseguir superar el último obstáculo. Todo está en manos ajenas, lo cual me desconcierta, prefiero tener todos los cabos atados.

Lo más triste de todo…que me he esforzado por conseguir mis metas académicas, dejando de lado otros aspectos importantes. Cuando pensé que comenzaba a entablar relación de amistad con mis compañeros, el curso se acabó, para posiblemente no volver a cruzarme con alguno de ellos. Cuando soñaba con encontrar por estas calles un trabajo que me permitiese desarrollarme como persona, recibo la noticia de que a lo mejor tengo que retrasar la búsqueda de trabajo, en fin, parece que mi vida es triste, pero lo mejor de todo es que no puedo quejarme, porque a muchos le gustaría tener la suerte que tengo yo en otros aspectos, así como las amistades (que aunque repartidas por el mundo) tengo.

Desde aquí euharisto!! Por los 10 días tan increíbles que he pasado con vosotras en Atenas, siempre una parte de mí se queda en la terminal del aeropuerto, pensando que no me separo de vosotras. Jamás pensé que en 9 meses conseguiría una amistad que sin lugar a dudas se ha transformado en una relación de hermanos.

…y seguiré escribiendo, aunque los días no sean soleados…